‘Míchel I de Vallekas’ recibió su homenaje esta tarde. El salón de actos del Colegio Raimundo Lulio, donde el ex-jugador del Rayo estudió, acogió un acto emotivo en el que la afición agradeció sus años en el club.
Pocas veces un homenaje pudo ser tan fiel a un sentimiento, a una emoción, a la unión de dos vidas paralelas que un día decidieron cruzar sus caminos y a los que, las alegrías y las tristezas, no han terminado por separar. La historia de Míchel en el Rayo Vallecano se escribe con letras de oro, las mismas que contaron sus hazañas europeas -aquellas que los más jóvenes solo recuerdan por los vídeos colgados en internet o por las ‘batallas’ heredadas de sus padres-, las mismas que le sacaron un día de su Vallecas para buscar en Murcia y Málaga un éxito y unas metas que no llegaron a cuajar, las mismas que le devolvieron a su casa para volver a viajar camino de Primera División. Míchel es un pedazo de la historia del Rayo Vallecano, un resumen de épocas buenas y épocas malas. Su capitán, el ‘ocho’, Michel I de Vallekas… simplemente Míchel.
Lo vivido esta tarde en el salón de actos del Colegio Raimundo Lulio, donde el gran capitán del Rayo estudió, es imposible de revivirlo con palabras. El jugador, arropado por su familia, sus amigos y por cientos de rayistas que quisieron formar parte del penúltimo capítulo de Míchel en el club, disfrutó de un emotivo vídeo y de todos los agasajos y palabras de agradecimiento y de orgullo que cada uno de los presentes demostraron hacia su figura. Su pasado, su presente y su futuro, siempre marcados por una franja roja.
En los homenajes siempre queda lo más bonito, las emociones, las alegrías, y hoy no fue una excepción. Aparcadas quedaron las denuncias de aquellos que nunca sabrán lo que supone ser del Rayo, los malos recuerdos de días en los que el capitán tuvo que tirar de galones para evitar que la nave se hundiera o los momentos deportivos en los que los objetivos quedaban lejos de cumplir las expectativas creadas.
El ‘8’ del Rayo afirmaba que «es un orgullo que mi familia se sienta reconocida. Es uno de los días más felices de mi vida. Me habéis hecho feliz desde que llegué al primer equipo y habéis hecho de este homenaje un día inolvidable. Siempre soñé con ser futbolista por días como éste. Fuera títulos, fuera dinero, este homenaje es impagable».
En un acto cuidadosamente trabajado por un grupo de aficionados que no quisieron dejar al azar ningún detalle, Míchel sintió el cariño de los cientos de seguidores que acudieron a ofrecerle su agradecimiento y el de los miles que durante dieciséis años han visto crecer al ‘niño’ Míchel en Vallecas. «La afición es muy importante, porque vosotros tirasteis del carro, y aquel gol de Tamudo que sirvió para la permanencia no fue solo suyo, sino de los 14.000 aficionados que ese día llenaron el Estadio de Vallecas. Sin vosotros aquello no hubiera sido posible».
Muchos amigos, muchos de esos seguidores de la franja roja que cada quince días se suben a un autobús para seguir a su Rayo, todos los que han coreado su nombre en campos de Segunda B, Segunda y Primera División, se sumaron hoy en una voz unánime que gritaba «Míchel, Míchel, Míchel», mientras se fundía en un abrazo con sus padres en un escenario engalanado para la ocasión.
La entrega de obsequios y recuerdos de una tarde imborrable, inolvidable, sirvió para continuar una ‘fiesta’ inevitablemente marcada por los colores de un club del que Míchel espera seguir viendo «en lo más alto para que lo podamos disfrutar, porque nosotros somos el Rayo», haciendo propio uno de los gritos de guerra de la afición de Vallecas. La misma que le adora y que hoy le brindó ese homenaje que institucional y oficialmente aún está pendiente. Siempre Míchel, siempre capitán, siempre Rayo. Gracias a nuestro ‘8’ eterno.



