COLUMNA DE OPINIÓN

OPINIÓN | Otra vez caemos en la tentación de contestar

Un club de fútbol no es nada sin su gente, supongo que eso lo entendería hasta quien no entiende nada.

OPINIÓN | Otra vez caemos en la tentación de contestar
Imagen panorámica del Estadio de Vallecas (c) Pasión por el Rayo

Otra vez hemos vuelto a caer en el ruido de declaraciones, contradeclaraciones, artículos, opiniones… otra vez hemos vuelto a caer en la tentación de indignarnos y defender lo que consideramos nuestro. Otra vez el presidente y dueño del Rayo Vallecano, con la posibilidad de hablar en las televisiones cada vez que el equipo juega en casa, vuelve a manejar el discurso del Estadio de Vallecas. Y otra vez hemos vuelto a caer en la tentación de contestar. Y yo me pregunto, ¿no sería más efectiva una ley del silencio que le deje solo en su discurso? ¿No sería mejor dejar que sus lamentaciones no vayan más allá de un micrófono y unos pocos minutos de televisión gratis?

Yo me pregunto muchas cosas. Me pregunto cómo es posible que el Rayo Vallecano haya sobrevivido en Vallecas más de 100 años. ¿Alguien lo puede entender? Yo me pregunto cómo es posible que sigan vivos miles de clubes con estadios tan ‘pequeños’ o más que el del Rayo. Yo me pregunto en qué te basas para decir que el Rayo se muere. Mientras por Vallecas siga latiendo el corazón de su gente, mientras haya cien, quinientos, mil o tres mil ‘chalaos’ que sean capaces de defender lo que les pertenece, el Rayo no morirá. Mientras haya miles de vallecanos capaces de recorrer media Europa, con las escalas que haga falta, dejándose el dinero y su tiempo, su voz y su corazón por acompañar a su equipo, el Rayo no se muere.

Te puedes apropiar del escudo y del nombre del club (ya son tuyos, ya sé que los compraste), puedes quitar la franja y poner un rayo o un logo centenario que sólo te gustaba a ti. Podrás tener una tienda abandonada y que da vergüenza, podrás seguir sin modernizar el club, sin vender abonos o entradas online, tener una ciudad deportiva indigna, podrás hacer lo que te venga en gana (ya lo haces), pero nunca podrás quedarte con el sentimiento de la gente. Un club de fútbol no es nada sin su gente, supongo que eso lo entendería hasta quien no entiende nada.

Otra vez hemos vuelto a caer en la tentación de contestar a quien no merece respuesta. Y aquí estoy yo, cayendo también en la tentación, ¡qué le voy a hacer! Si lo pienso en caliente, me supera, si lo pienso fríamente digo, pero ¿dónde vas con ese sueño (o pesadilla) de tener un estadio de 40.000 espectadores? Y entonces me respondo a mí mismo, «Que se lo haga si quiere, que se lo haga donde quiera». Quizá muchos rayistas consideren impopular mi discurso de las inversiones públicas. Defiendo que mis impuestos se destinen a la sanidad pública, a la educación pública, a mejorar las calles de mi barrio o las carreteras por las que circulo, que tengamos mejores medios de transporte públicos, que sirvan para que haya más seguridad en mi barrio o para que tengamos más zonas verdes o incluso (loco de mí) para ayudar a quien más lo necesita. Me niego a destinar un sólo euro de mis impuestos a satisfacer el capricho peregrino de un empresario que sólo piensa en ganar dinero y seguir ganando dinero. Lo siento, pero estoy radicalmente en contra de la construcción de un nuevo estadio o de la cesión de terrenos públicos a satisfacer las ansias de grandeza de una, dos o tres personas. Acepto que se mejore el estadio, es un edificio de propiedad pública y, aunque sólo fuera por seguridad y comodidad, debería estar impoluto. De ahí a lo que se está pidiendo y planteando, va un abismo. Me niego en redondo.

Y me sigo preguntando muchas cosas. El Rayo ya tuvo que emigrar a otro lugar y los que lo sufrieron, vivieron y contaron saben lo que sucede en casos así. Si Martín Presa se lleva al Rayo «más allá del puente de Vallecas» ¿cuántos rayistas le acompañarán? El Rayo Pinteño, el Rayo Valdemoreño o el Rayo de Valladolid o de Toledo, ¿cuántos rayistas le acompañarían? Vuelvo a la reflexión de antes, un club no es nada sin su gente y esta gente está dispuesta a defender el legado de sus antepasados y a pelear por lo que sus abuelos y padres les dejaron de herencia. Esta gente luchará por dejar a sus hijos y nietos el emblema de Vallecas. El Rayo se queda en Vallecas, el estadio se queda en Vallecas, y de paso Presa y sus aires de grandeza, se pueden ir donde les plazca.