Opinión. Raúl Martín Presa ha llegado al Rayo Vallecano casi ‘de tapado’. Su falta de protagonismo en lo importante, la compra del club a la familia Ruiz-Mateos, contrasta descaradamente con su presencia a ‘ras de césped’ para agradecer a la afición su apoyo incondicional. El futuro depende de él, pero ¿a qué precio?
¿Quiénes sois y a qué os dedicáis? Así de simple y de directa era una de las preguntas que se formularon al nuevo propietario del Rayo el día de su presentación ante los medios. Esa sencilla cuestión terminó convirtiéndose en una pregunta incómoda y comprometedora a tenor de la respuesta: «Yo soy Raúl Martín Presa…», poco más pudimos saber. Los nervios, la presión del momento… todo cuenta. Sea como fuere hoy vengo aquí a hablar de un presidente.
Me cuentan que el domingo se movió bien en el palco de Balaídos, que parecía que ya se conocía los entresijos de las relaciones deportivas al más alto nivel. En eso seguramente, tarde o temprano, saldremos ganando. No caerá tan simpático como Teresa Rivero, ni será tan mediático, ni dará tanto juego, pero si se toma esto de manera profesional, el Rayo saldrá fortalecido.
Algunos me decían, mientras veían cómo se acercaba a la grada después del partido con el Celta, que no les gustaba el protagonismo barato, el populismo oportunista, ni el aplauso fácil. Razón absoluta, cada uno en su sitio. Otros añadieron que también Sobrino lo había hecho. Dos matices siendo ciertas ambas afirmaciones. Uno, Presa ya no tiene que convencer a nadie, ya es el ‘mandamás’, y dos, a Sobrino le colocaron allí Miñambres y compañía (cuña para alguno que habla de más, que aquí también los hay).
No me han gustado algunas cosas que han pasado en los últimos tiempos y no me gustan algunas otras que siguen pasando. No me ha gustado el secretismo y oscurantismo con el que se ha gestado el traspaso de poderes. Una vez decidida la persona, el proyecto debería haber quedado por encima del resto de cosas pero, al final, vosotros y nosotros, nosotros y vosotros, nos hemos ido enterando por el ‘correveidile» de turno, así es imposible que esto funcione. Nos hablan de cambio de estrategia comercial y de marca, que el Rayo Vallecano se debe abrir y debe ejercer de tercer gran equipo de Madrid. Espero que todos podamos estar a la altura. No dudo de los jugadores -ya lo han demostrado-, no dudo de la afición -mil y un millones de veces por delante del resto-, tengo más reservas en torno a la prensa y sobre todo a los que, a partir de ahora, comandan el barco. He visto mucho movimiento servil en cierto sector de la comunicación, mucho acercamiento ‘desinteresado’, mucha aproximación ‘sin sospechas’. Siembra hoy y recogerás mañana.
Y he visto poco acercamiento del nuevo jefe hacia una plantilla que cobrará el 30 de junio -espero que no se quede en «propaganda electoral»-. Del resto, intento no abrir mis oídos a las malas lenguas que me hablan de cómo funcionan los negocios familiares bajo su tutela, de cómo les va a los trabajadores… en fin, dejemos trabajar, demos tiempo y veamos resultados. No es cuestión de prejuzgar, aunque sí de estar ‘ojo avizor’.
Otro cantar es el de los jugadores. Alguno, con contrato en vigor y con futuro por delante, ya dice que está abierto a todas las posibilidades. Confianza sí, pero con reservas. Nadie parece haberse impregnado de la tranquilidad y la creencia en una solución inmediata y satisfactoria. Las mentiras continuadas y perversas del pasado han hecho demasiada mella. Por delante del presente y el futuro del Rayo se pasean los Coke, Piti, Trejo, Delibasic, Armenteros, Arribas… las apuestas, ahora tan de moda, ya están al rojo vivo y en las mismas, siempre pierde el Rayo -tiempo al tiempo-.
