Sea cual sea el resultado que se produzca en el Rayo Vallecano – Atlético de Madrid en el estadio de Butarque a eso de las 18h la derrota está garantizada. Y no hablamos de un resultado más que agravaría la crisis de los franjirrojos o de otro partido perdido por los rojiblancos en Liga.
Hablamos del bochorno de imagen que ha dado LaLiga en los últimos 8 días. Porque si la suspensión del Rayo – Oviedo ya fue sonadísima por vulnerar todos los derechos posibles de rivales y aficionados, el esperpento vivido esta semana sobrepasa todos los límites.
Los medios de comunicación que habitualmente se toman a broma las andanzas del consejo de administración del Rayo Vallecano han hecho sangre ante la visita de los colchoneros. Siempre ha habido clases (ya sabemos). Pero llevarse a Butarque un derbi ha sido la gota que ha colmado el vaso del rayismo que se ha plantado en masa ante el enésimo desastre marca Presa.

Hasta el propio Íñigo Pérez explicó en rueda de prensa que si los esfuerzos de los últimos 10 días se hubieran hecho en 10 meses otro gallo hubiera cantado. Los 10 meses que LaLiga ha estado haciendo la vista gorda hasta que se ha visto con el agua al cuello. Nunca mejor dicho.
Con un estadio semivacío y el descrédito de la competición, lo deportivo queda relegado al último plano. Poco van a importar los 11 titulares, los árbitros del partido, las ocasiones, los goles y los puntos para los franjirrojos o los rojiblancos. Al menos desde la perspectiva rayista esto está más que claro porque en Vallecas poco importaron los resultados y sí el hecho de representar los valores de un barrio obrero. Y cuando se pasa por encima de todo solo por los intereses económicos, el fútbol queda retratado. Y el resultado es una clara derrota.
