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Rayo Vallecano – Espanyol: Adiós, Leganés

Si todo va según lo previsto, el club franjirrojo jugará como local por última vez en Butarque

Rayo Vallecano – Espanyol: Adiós, Leganés
Foto del Rayo Vallecano en Butarque (c) Pasión por el Rayo

El estadio de Butarque y Leganés han servido como refugio en el exilio de un Rayo Vallecano desnaturalizado. Pero si todo va según lo previsto, hoy será el último partido que el club franjirrojo juegue en la ciudad vecina como local. Una circunstancia que para muchos es sinónimo de alegría y para otros preludio de que lo que pueda llegar sea aún peor.

Porque hasta esta situación se ha llegado no por capricho o infortunio sino por mala gestión. Pésima gestión, en realidad. Negligente gestión, de hecho. La directiva del Rayo Vallecano con Raúl Martín Presa a la cabeza ha incumplido sistemáticamente el convenio de concesión del estadio de Vallecas desde hace años (no lo decimos nosotros sino la propia Comunidad de Madrid). Por ello el club vallecano tuvo que exiliarse a Leganés, con las molestias y los inconvenientes que eso ha supuesto para todos, y por ello el máximo accionista ha perdido la concesión del feudo franjirrojo.

cesped estadio vallecas
Estadio de Vallecas, césped

Leganés quedará marcado ya en la memoria rayista no como el vecino que extendió el guante para ayudarnos sino como el punto negro donde arrancó la temporada más nefasta para el club por culpa del propio club. Desde hace meses (por no decir años) no hay ni una sola semana tranquila en la entidad porque los problemas se suceden fruto de la inoperancia. Y entre todo ese ruido, ese cabreo, la desilusión del aficionado y el hastío por la situación llega un partido de fútbol que volverá a estar en las antípodas del ambiente de Vallecas.

El Rayo llega tras la mala imagen del Bernabéu mientras que su rival parece haber cogido la buena racha que le permite vivir lejos de los puestos de descenso. La combinación del cocktail resultante es muy peligrosa para los intereses rayistas. Beñat recupera a Fran Pérez pero da la sensación de que, salvo Camello, nadie tira del carro en una plantilla repleta de debutantes.

Las jornadas pasan y no parece que se avance en términos deportivos ni extradeportivos. Por ello el adiós a Leganés puede suponer un antes y un después. Es improbable que la dirección del club cambie pero el tiempo del ‘todo vale’ se ha acabado. Ahora toca esperar. Aunque eso suponga sacrificar alguna jornada más.