Rozando el cielo sin levantar los pies del suelo

Opinión. El gran partido realizado por el Rayo Vallecano deja al equipo franjirrojo a las puertas de los puestos europeos. El dinero, en una liga monopolizada por un puñado de equipos, no lo es todo en esta vida. Ni en el fútbol.

Opinión. Rozando el cielo sin levantar un milímetro los pies del suelo. En Vallecas todo es posible, hasta lo imposible. En Vallecas todo es perfecto, incluido lo imperfecto. En Vallecas, la vida es de otro color, mejor dicho, de otros colores. Aquí, en Vallecas, un equipo de fútbol ha vuelto a despertar a su gente del letargo, de la inmunización producida por un pinchazo denominado ‘Tamudazo’, que nos dejó a todos anestesiados y con cara desencajada. Aquello mereció la pena vivirlo, esto… también.

Ver al Rayo a las puertas de puestos europeos no tiene precio. Ver a Lass renacer de su propio hundimiento, encarar, regatear y que le salga el regate, rematar y que no se vaya quince metros alejado de la portería, volver a verle sonreír, tampoco. La magia volvió a dejarse ver por Vallecas. El ambiente, ese que tanto nos gusta, ese que nos deja con la boca abierta y con el corazón a mil por hora, hace mucho por recobrar ese sentimiento inigualable de las grandes jornadas futbolísticas de un barrio y de un equipo que quieren volver a reescribir su historia. Piti, de dulce, a lo campeón, atacando y defendiendo, mandando y dirigiendo el ataque. ‘Chori’ con su estrella a cuestas y buscando el punto de mira, cuando lo encuentre, esa estrella será tan inmensa que podrá verse desde la Castellana o desde el Manzanares, aunque solo para quien quiera mirar hacia este barrio nuestro que vuelve a recobrar el espíritu y el sentimiento futbolístico. Nos da igual hacia donde miren.

Da gusto ver surgir a chavales de la cantera como Leo o Nacho. Su frescura, su juventud y su desparpajo nos maravillan por partes iguales y nos hacen entender que el futuro es incluso más prometedor que el presente. Estoy convencido que el filial recobrará también su estilo y sus goles y su alegría. No puede ser de otra manera.

Ayer me pellizcaba con frecuencia intentando despertar de ese sueño maravilloso que me hacía ver a Trashorras apareciendo por todas partes, incluso varios metros por detrás de la línea del medio del campo para ejercer la presión defensiva. Mi miedo era despertar demasiado tarde y darme cuenta de que la realidad era diferente a lo imaginativo de mi propia mente. Menos mal que todavía sigo soñando.

Tampoco puedo olvidarme del excepcional trabajo de los siempre incombustibles Tito o Javi Fuego y de la sobriedad y la seriedad de Rubén -poco trabajo para él, mucho más difícil todavía para un portero- y de la seguridad y la valentía de los centrales. Gálvez ha mejorado una inmensidad desde sus inicios allá por el mes de agosto-septiembre, y Amat, mientras haga lo que Jémez espera de él, tendrá su sitio asegurado.

El Rayo anoche fue un auténtico espectáculo. Su primera media hora maravilló a todos y nos hizo entender que el dinero no lo es todo en esta vida. Ver al Rayo a las puertas de Europa, con el presupuesto más ridículamente paupérrimo de la Liga de las Estrellas, es un soplo de vitalidad para una liga aburrida e injusta con los más pequeños. En otro momento hablamos de las injusticias que este ‘pequeñín’ está sufriendo, hoy me toca disfrutar, relajarme y mirar al horizonte buscando la estrella del ‘Chori’. Ojalá llegue en San Mamés.