Opinión. Lo vivido ayer en el Alcoraz de Huesca fue un nuevo capítulo lamentable en la historia de las últimas semanas. El Rayo Vallecano es noticia, lo fue por ser líder, por estar en puestos de ascenso y por jugar como los ángeles. Ahora lo es porque algunos no cumplen con sus obligaciones y encima exigen. Ver para creer.
El Rayo Vallecano se ha convertido, de un tiempo a esta parte y de manera lamentable, en un auténtico manicomio. Si los que mandan desaparecen o, peor aún, aparecen para hacer que el agujero que está hundiendo el barco sea todavía más grande, esto no tiene solución posible. A mí, que haya rencillas entre jugadores o con el entrenador, el presidente o la afición, me da igual, siempre hablando de problemas solucionables con cordura, por supuesto, lo que indigna es que aquí todo el mundo tenga siempre algo que decir y no se pare a pensar en las consecuencias. La metedura de pata de la presidenta fue de órdago. No se puede llegar tarde a un partido, contemplarlo sentada tranquilamente en un palco frente a un monitor de televisión (¿tendría calefacción también?) y tras ver diez minutos hacerse una película, preconcebida seguramente, para machacar a unos profesionales a los que solo se les puede exigir que asistan a los entrenamientos y jueguen al fútbol para no perder sus puestos de trabajo. ¿Quién presiona, quien habla de no cumplir? Es inaudito que alguien que no ha cumplido exija a los que tiene a su cargo que lo hagan. Que el aficionado que ha pagado su abono exija, me parece lógico, porque ése sí ha cumplido pero ¿el resto?… es el colmo.
Ayer sentí vergüenza ajena cuando escuché las declaraciones de la presidenta del Rayo, igual que cuando la escuché en la cadena SER. También me dio pena. Vergüenza porque alguien que representa al rayismo no puede ir por la vida como si todo fuera de color rosa y pregonando que las cosas se van a solucionar: solucionémoslas y luego hablemos, ¿no era eso lo que le pedía a Movilla la otra noche?. Pena porque yo sí me creo que esta mujer adora al Rayo, lo siente como suyo. Es imposible haber estado ahí y no hacerlo y creo, de corazón, que Teresa Rivero tiene un apego especial a unos colores que le han acompañado durante muchos años. Por eso me da pena cuando la veo y la escucho haciendo y diciendo ciertas cosas. ¡Que el Rayo no es el Atleti, ni usted es Jesús Gil, leche!.
El miércoles deberíamos poner un punto y seguido a todo este capítulo de despropósitos, pero lo importante es poner un punto. No digo que no se proteste, que no se pida lo que sale del alma, que no se cante o se grite, no, no voy por ahí. Creo que cada cual es libre de expresar lo que quiera, que para eso ha pagado un abono, una entrada o lo que haya sido menester y ni estos ni los que vendrán después podrán coartar la libertad de expresión del pueblo. Pero hasta ahí, sobra añadir nada más.
Yo ayer vi a unos jugadores tocados, es más, diría que casi hundidos. No me extraña. Si me sentó mal a mí por toda esa gente que se levantó a las cinco de la mañana, se hizo 800 kilómetros en un viaje de ida y vuelta sin apenas descanso y sufrió las inclemencias de un viento que se calaba en los huesos, no me puedo imaginar cómo sentaron todos estos despropósitos a los que estaban ahí abajo intentándolo todo. No salió, no, pero me da a mí que esto no lo levanta nadie. Ayer el pesimismo más brutal me cayó encima, lo siento.
Por cierto, la prensa a lo suyo, o a lo nuestro cuando interesa, más de lo mismo, aunque sigo diciendo que los que llevan una cámara, un micrófono o hacen fotos son los menos culpables. Hoy solo quiero decir que Sandoval me dijo: «si nos están esperando después de un 4-1 es para sacarlos a hombros» y mi respuesta sincera fue un «son la hostia». Pues eso, que viva el Rayo por encima de todo y de todos.
