Un gigante con pies de barro

Opinión. Las dificultades económicas que están atravesando muchos equipos de nuestro fútbol en las diferentes categorías, pone en peligro la estabilidad de un deporte rey que ha vivido años de bonanza financiera, pero que ahora está sufriendo la crueldad de la crisis económica.

La lucha de los modestos por sobrevivir es el más claro exponente de la actual crisis económica que acecha a nuestro fútbol. Si clubes de Primera o Segunda División, que manejan cifras astronómicas como presupuestos, se las ven y se las desean para hacer frente a sus nóminas y a los compromisos adquiridos con proveedores y demás acreedores, imaginémonos el resto. Lo de la Segunda B es para echarse a temblar, por no hablar de una Tercera División en la que en muchos clubes se sigue confiando en la buena fe de unos deportistas que se dejan media vida por dar patadas a un balón, después de cumplir con sus obligaciones laborales en la oficina, como bombero, en el Ayuntamiento o en la carpintería. Sí, así es, no cobran, no hay dinero, no hay nada que hacer porque ya nadie confía en los que manejan los pocos ingresos que se puedan haber obtenido en los últimos años -si alguna vez los hubo-.

Nuestro fútbol tiene un problema estructural grave, es un gigante con pies de barro. Mientras en Primera y Segunda División los clubes se pelean por el reparto del pastel televisivo, y mientras unos cuantos siguen recogiendo miga a miga lo que a Barcelona y Real Madrid se les va cayendo por el camino, en la base, de donde nace todo, el fútbol de barrio, de pueblo, empieza a morirse. Siempre ha habido casos, el Extremadura, el Málaga, el Logroñés o el Burgos, por ejemplo, se quedaron por el camino por falta de capital, pero ahora afloran nuevas versiones.

Hoy ha sido el Cerro Reyes de Badajoz, un club modesto de un barrio de la capital pacense, que cumplía su tercera temporada en Segunda B y que ha sido expulsado de la competición. Llegó de rebote, tras el descenso en los despachos del C.D. Badajoz a Tercera División y, ahora, sale por la puerta de atrás. La explicación, la de siempre, el capital. La falta de dinero llevó a dejar de pagar a los jugadores, estos se pusieron en huelga, el club no pudo solucionar sus problemas, y finalmente se le descalifica. Ahora, es el turno de las denuncias. Los jugadores al club por no pagarles y el club a los jugadores por provocar con su huelga la descalificación del equipo. Una pena.

El de Cerro Reyes es el caso más cercano por participar en el Grupo I de Segunda B, el mismo en el que milita el filial del Rayo Vallecano, pero no es, ni seguramente será el único caso. Nuestro fútbol está enfermo, se ha nutrido durante años de los ingresos de una partida que actualmente está en crisis -el ladrillo y los empresarios del ladrillo ya no «invierten» ni dinero ni tiempo en fútbol- y eso, tarde o temprano, terminará pasando factura.

Históricos como el Real Oviedo o el Real Jaén atraviesan serias dificultades que podrían llevarles a la desaparición y con ellos, y otros tantos, se marchará una parte de la historia de nuestro fútbol, ese que tendrá que volver a reinventarse para poder sobrevivir y no terminar ‘volando por los aires’. Aviso a navegantes: las dificultades de los de abajo son el reflejo de los problemas que muchos equipos grandes y no tan grandes están atravesando. Máxima atención a las denuncias, los impagos y las deudas, porque más de uno podría llevarse un serio disgusto esta misma temporada.