Opinión. El Rayo jugará este domingo ante el Betis y también lo hará en fin de semana frente a Sevilla y At. Madrid. Esto que en principio debería ser lo normal, es una alegría y provoca una reflexión que sigue sin llevarnos a ninguna parte.
Opinión. Algo tan simple como un partido de fútbol en domingo, en horario futbolero, en tu estadio, hoy en día supone una alegría. A esto nos han empujado los dirigentes de esta máquina de hacer dinero que sabiendo las consecuencias de sus decisiones han antepuesto los beneficios, los números, los millones, a la comodidad, al sentido común y al agradecimiento a los miles y miles de aficionados al fútbol que todos los fines de semana emplean varias horas (en ocasiones días enteros) para apoyar a los mismos equipos que, después, terminan dándoles la espalda por ese empujón económico que les ayude a salir de la crisis, una crisis a la que han llegado, en la mayoría de los casos, ellos solitos.
El fútbol ha vivido y sigue viviendo por encima de sus posibilidades, los contratos millonarios siguen estando a la orden del día, los movimientos de los mercados de primavera, verano, otoño e invierno, aunque menores, siguen suponiendo millones de euros que vuelan de unas ciudades a otras, con intermediarios, jugadores, directivos y demás fauna «futbolística» aprovechando las últimas gotas de leche que le quedan a una vaca tan exprimida que ni aguanta ni revienta. Y los aficionados, como siempre, a verlas venir y a plegarse a las decisiones arbitrarias de los que viven plácidamente en sus despachos, de los que no saben lo que significa subirse a un ‘cómodo’ autobús y recorrer cada quince día seiscientos o setecientos kilómetros con la mochila cargada de ilusión, de los que, cuando viajan, lo hacen a un palco vip o a una grada con calefacción, mientras el resto de los mortales, en viernes, lunes o cuando ellos decidan, sientan sus «posaderas de simples aficionados» en gradas poco o nada acondicionadas. ¿Qué ha pasado con la oposición de los humildes? Desaparecida, con cinco millones de euros se ha conseguido que aquellos que en un momento dado podrían llegar a protestar decidan cerrar sus bocas y poner cara de póker ante sus malhumorados (con razón) aficionados. Los jugadores de turno con un discurso de resignación, «jugamos dónde y cuándo nos dicen», «nosotros no podemos hacer nada», bla, bla bla. El colmo es que, en ocasiones, cuando alguno decide hacer algo más, llega el que ha dicho que sí a los cinco millones y le impide, con su lógica también, alzar la voz. Entre tanto, un niño se queda sin ver a su equipo porque su equipo ha decidido cobrarle su abono al mismo precio que cuando jugaba en fin de semana y, además, quedarse con la subida de las televisiones para sacarlo del fin de semana. Incongruente. Entre tanto, el camarero del bar de la esquina o la dependienta de la tienda de ropa, se tendrán que conformar con escuchar el partido de su equipo por la radio (que ya es una suerte) porque el viernes o el lunes no podrán acudir a su estadio, a disfrutar de un derecho que se ganó pagando religiosamente su abono. Y qué decir de aquellos a los que les gusta viajar con los suyos… sin palabras.
¿Qué podemos hacer para que esto cambie? Está complicado, porque históricamente ha quedado demostrado que el aficionado al fútbol es el último ‘mono’ en una película en la que además, es el único al que esto le cuesta dinero. Aquí todos ganan, los dirigentes, los futbolistas, las televisiones, las empresas a través de campañas publicitarias, todos ganan menos los que pagan, esos a los que se debería mimar y cuidar y a los que, con una inteligencia fuera de lo común, se ningunea y se desprecia temporada a temporada. ¿Qué podemos hacer? Ojalá tuviéramos la ‘varita mágica’ que nos solucionara el problema a todos, a los que solo piensan en el dinero llenándoles las cuentas corrientes de euros y a los que solo piensan en fútbol, con sus bufandas, sus camisetas y sus bocadillos bajo el brazo, dejándoles tranquilos y disfrutando de su equipo como toda la vida, el sábado y el domingo, que de lunes a viernes ya tenemos suficientes cosas en las que pensar.
Algo tan simple como un partido de fútbol en domingo en horario futbolero, en tu estadio, hoy en día supone una alegría. Así empecé y así quiero terminar una reflexión que, una vez más, lamentablemente, no nos lleva a ninguna parte.
