En las primeras jornadas de liga el Rayo Vallecano no cumplía la legalidad marcada por Laliga en cuanto a la ubicación de las aficiones rivales. Este incumplimiento sistemático imposibilitaba al club de Vallecas a poder enviar entradas a los equipos rivales, lo que se tradujo en respuesta de los clubes implicados, protestas de sus peñas y aficionados y más de una noticia en medios nacionales que volvían a dejar en ridículo la gestión de Martín Presa al frente de la entidad franjirroja.
De repente, el Rayo encontró la solución. Puso una separación física (en forma de red de campo de voley) para poder justificar que tiene una zona visitante separada de la afición local. Esto habilita al Rayo a vender 143 entradas a cada club visitante, un número bajísimo pero «justificado» en la falta de aforo disponible para cada encuentro.
Pero en el partido de este sábado ante el Athletic, y no es la primera vez ni será la última, todo ha vuelto a saltar por los aires. La separación entre aficiones, el número de localidades disponibles y cualquier excusa que se intente ofrecer han desaparecido con las imágenes vistas en la jornada de hoy en la grada de Vallecas.
El ‘buen rollo’ entre ambas aficiones explica el ambiente de fiesta vivido tanto dentro como fuera del Estadio de Vallecas. El resto se explica solo. ¿El Rayo sólo puede enviar 143 entradas a las aficiones visitantes?
