¿Y ahora qué? Salvemos al Rayo

La primera plantilla del Rayo está en un callejón sin salida del que será muy difícil salir airoso. La falta de noticias, la desesperación del momento, la presión de sus dramas individuales y la sensación de sentirse estafados, les ha llevado a plantear una situación extrema.

Opinión. Han dicho que quizá no sigan, que se plantan, que esto no puede seguir así. Quizá no lo han hecho con la contundencia que una decisión así requiere, quizá ese «mañana» (por hoy) suene un poco blando, pero, sinceramente, no me gustaría estar en su piel. Comparto con ellos la desesperación del momento, les apoyo ciegamente, como lo hacen todos mis compañeros, y por extensión toda la familia rayista, y todo el mundo del deporte y todo el barrio de Vallecas. Arropados estáis, pero no es suficiente.

¿Y ahora qué? En esta ocasión sí que se ha hablado de ultimátum, de basta ya y del próximo partido «en duda». Imaginemos las posibles salidas a esta crisis, en la que muchas de ellas no dejarían muy bien parados a los futbolistas. Me explico. Si hoy deciden jugar sin más, aun no teniendo noticias de la familia Ruiz-Mateos, todo lo de ayer no habrá servido para nada y la gran fuerza que una decisión como esa tiene a nivel nacional, se diluirá y difícilmente se tomará en cuenta cualquier otra iniciativa. Esta decisión es fuerte, pero tiene que ser unánime y contundente, porque si no todas las alarmas se apagarán y habrá que volver a empezar.

Si por el contrario se mantuvieran firmes en su declaración de intenciones, volveríamos a encontrarnos dos escenarios. Si recibieran noticias de los que siguen al frente, mal que les pese, perfecto, pero ¿y si esas noticias no llegan?. Si se echan atrás y juegan, volveremos al punto anterior y si deciden que esto siga adelante nos plantamos en el siguiente fin de semana, ante el Albacete, con otra ‘patata caliente’ sobre la mesa de los jugadores.

Pongámonos en el peor de los casos. No jugaron ante el Valladolid y siguen sin tener noticias de la familia Ruiz-Mateos. Menudo lío. Si deciden salvar la situación y jugar, serán héroes para la afición, pero habrán vuelto a perder todo el poder de la presión que estaban ejerciendo y que, al fin y a la postre, ha sido la verdadera razón de promover esta iniciativa. Si, por el contrario, decidieran no jugar… el Rayo sería descalificado, descendido y abocado a su desaparición. Mala salida, sin duda, para una crisis que empieza a alcanzar tintes de auténtico dramatismo.

¿Dónde están la AFE, la LFP, la RFEF y la «madre que p… a más de uno»?

Los futbolistas unidos no existen, nunca han existido y nunca existirán. Se ha pretendido hablar de una AFE con los mismos intereses desde categorías amateur hasta los Messi y Cristiano Ronaldo de turno, pero eso es un fracaso. Cuando uno tiene problemas, los demás se mantienen en sus ‘agujeritos’, tranquilos y esperando que no les toque a ellos también. El Huesca, por la razón que sea, y me da igual que fuera por Onésimo o por amor al fútbol, no quiso contribuir con un minuto de su tiempo a luchar por la causa del Rayo, ellos no tienen esos problemas, al menos hoy. El resto de rivales con los que ha jugado el Rayo, a excepción del Recreativo, no han compartido con sus compañeros parte de sus penurias. No ha habido pancarta ‘a medias’, ni camisetas reivindicativas, ni nada. Los del Betis bastante tienen con lo suyo, pensarán algunos. Los jefes de la AFE vinieron por Vallecas, se hicieron las fotos de rigor, mostraron su apoyo a los jugadores, desaparecieron y nunca más se supo.

La LFP, por su parte, está en otras guerras, bueno, perdón, en las mismas pero desde el otro lado de las trincheras. Estas semanas de atrás nos enteramos que deben más de 600 millones a Hacienda. Pero, ¿en qué país vivimos?, ¿cómo se puede permitir este robo a cara descubierta? No quiero hacer un discurso populista ni fácil pero, señores, hace mucho tiempo alguien me explicó que Hacienda somos todos. Otra mentira lamentable y vergonzosa. En esa LFP está el Rayo Vallecano de Ruiz-Mateos y alguien en otras circunstancias debería haberle sacado los colores, cortado las alas o parado los pies, pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Ya lo ha dicho Michel, hoy es el líder de Segunda pero cuando llegue el verano serán otros muchos (quizá alguno de los que no ha cogido una pancarta cuando ha tenido la oportunidad). Los clubes siguen pidiendo un reparto justo de «su» dinero, que ya sabrán ellos en qué emplearlo (siempre que no sea en cumplir con los demás, ni siquiera con sus propios empleados).

Si seguimos mirando hacia arriba seguro que encontramos muchos otros culpables, algunos por acción y otros por omisión. La R.F.E.F., perdón, qué cabeza la mía, bastante tienen los pobres con estar pendientes de que la campeona del mundo no juegue en campos en los que nunca debería poner el pie un jugador profesional, cuando menos un campeón del mundo. Ahí tampoco han estado muy finos. Como para que alguien piense o se plantee en qué situación están los jugadores del Rayo Vallecano. Ustedes sigan trabajando por el bien del fútbol.

Dejo para el final a los verdaderos culpables de este desaguisado. No sé si en estos veinte años han palmado o ganado dinero, esto es una empresa y un negocio, a veces se gana y otras se pierde. A mí eso, ni me va ni me viene. Lo que no se les puede consentir es que falten al respeto de la gente, que se rían de sus empleados, que se rían de una afición entera, que hundan un club, que llegue un día en que digan «no hay dinero», cierren la puerta y abandonen ahí dentro a todo ser viviente. Supongo que sus preocupaciones son mayores que las de cualquiera de nosotros, pero ellos se lo han buscado. Yo, al menos puedo decir, con la cabeza bien alta, que no le debo dinero a nadie (salvo al banco por mi hipoteca -suerte la mía-) y mucho menos a Hacienda. Una pena.

Salvemos al Rayo

Salvemos al Rayo. Este debería ser nuestro discurso de aquí al final de este culebrón que nos tiene a todos en vilo. Salvemos al Rayo. Sé que la afición ha hecho un esfuerzo, bueno, no uno, muchos esfuerzos y que los va a seguir haciendo. Cuatro autobuses como poco tendrán la culpa de que el Rayo siga siendo eterno, a pesar de quien lo dirige (o lo dirigía, porque aquí ya no hay dirección posible). Valladolid será testigo de un sentimiento, de una explosión de amor a un club que no quiere morir, aunque le hayan herido de muerte. Salvemos al Rayo. ¡Salvemos al Rayo!