El Rayo Vallecano encajó su segunda derrota consecutiva de la semana tras la sufrida en La Rosaleda el pasado jueves. Ante el Villarreal, los de Sandoval realizaron una mala primera mitad y una aceptable segunda.

Ficha Técnica:
Rayo Vallecano (0): Joel, Tito (A), Arribas, Labaka, Casado (A) (Tamudo, minuto 45), Javi Fuego, Trashorras (Movilla, minuto 65), Piti (Lass, minuto 45), Michu, Armenteros y Diego Costa.
Villarreal (2): Diego López, Mario, Musacchio, Zapata, Oriol, Bruno (A), Senna, Cani (Camuñas, minuto 71), Borja Valero (Martinuccio, minuto 78), Marco Ruben y Nilmar (Ángel, minuto 52).
Arbitro: Pérez Lasa.
Goles: 0-1. Minuto 29. Marco Rubén; 0-2. Minuto 85. Angel
No fue muy superior el Villarreal, aunque tampoco lo necesitó, tampoco demostró fútbol suficiente para reivindicar nada más allá que lo que intenta, salvar los muebles, pero le bastó para doblegar a un Rayo Vallecano que, tras el varapalo del jueves en La Rosaleda, saltó al mejorado césped del Estadio de Vallecas buscando redimir sus errores. Su intento fue baldío.
Sandoval decidió dar descanso a alguno de los titulares de la temporada y, tras dejar en la grada a Pulido -a buen entendedor pocas palabras bastan-, sentó de inicio a Movilla, poniendo en juego tanto a Piti como a Trashorras para acompañar a Javi Fuego, Michu y Armenteros. La apuesta deportiva sorprendía, la extradeportiva volvía a ser merecedora de todos los aplausos, casi gastados, ante el despliegue de una afición que merece un Rayo como el de la segunda mitad, aunque no salgan las cosas, y que no merece uno como el de la primera.
Los seguidores franjirrojos habían trasladado a la grada del Estadio de Vallecas toda la fiesta que habían ido sembrando por los alrededores, pero poco a poco irían viendo como se consumía su alegría y cómo su ilusión empezaba a esfumarse.
El partido arrancó raro para el Rayo. Los de Sandoval se vieron sorprendidos por la presión del Villarreal, un equipo que con un nuevo cambio de entrenador había provocado el desorden en la preparación por parte de los técnicos franjirrojos, que apenas contaban con referencias para estudiar la apuesta futbolística de los de Lotina. Además, los franjirrojos acusaron el esfuerzo del encuentro de La Rosaleda -el resultado positivo de los levantinos ante el Madrid pareció darles un punto más de vitalidad- y el encuentro se fue consumiendo sin que hubiese noticias de un Rayo que, en Vallecas, suele tener presencia, constancia, fuerza y presión. Hoy, durante cuarenta y cinco minutos, apenas hubo nada de eso.
El Rayo fue un equipo plano, simple y que asumía demasiados riesgos en la salida del balón. Las conducciones exageradas de Piti o Trashorras provocaban pérdidas y salidas a la contra de un rival que se encontró cómodo durante la primera mitad, sobre todo a raíz del primer gol del encuentro, anotado por Marco Rubén. Trashorras cometió un error infantil en la salida del balón al intentar revolverse ante dos rivales y su pérdida propició el 0-1, elevando la crispación de un equipo ya de por sí especialmente descolocado y en el que únicamente el trabajo mudo de Javi Fuego y los arranques de furia de Arribas dejaron algo de positivo.
El Villarreal apenas inquietó a Joel en la primera mitad, pero tampoco lo hizo especialmente un Rayo desconocido que esperó a la segunda parte para volcarse al ataque a la desesperada, buscando un empate que nunca llegaría.
Sandoval decidió que llegaba la hora de las carreras de Lass -mal va el equipo si depende únicamente de los recortes y las carreras alocadas de un jugador que parece haber perdido la frescura que tuvo hace algunos meses-. La aparición del guineano, a pesar de no tener premio, sirvió para revolucionar el ataque de un equipo que no estuvo acertado de cara a portería. Un inocente penalti ocmetido por Arribas y detenido por Joel, que hoy estuvo acertado en todas las acciones en las que participó, pareció reactivar la fogosidad de un equipo que decidió lanzarse a la ofensiva con todo lo que tenía a su alcance. Armenteros pudo lograr el empate, también Michu -que anda algo despistado últimamente- e incluso Arribas, con un remate que se fue muy alto cuando se encontraba en clara ventaja para batir a Diego López.
Mientras el Rayo tiraba por la borda todas sus acciones de ataque, el Villarreal se limitaba a recordar de vez en cuando que no se había ido del partido, aunque lo pareciera. Cada balón en zona de ataque ofrecía una exagerada sensación de peligro. Labaka no siempre elegía las mejores opciones, y con el equipo volcado hacia campo contrario, los huecos fueron tan amplios que al final llegó lo que nadie deseaba. El 0-2 fue un mazazo para la moral de un equipo que aún siguió intentándolo. Movilla, que se había incorporado en la segunda mitad, realizó un gran disparo desde la frontal, pero Diego López lo enviaría a córner.
El Rayo dejó pasar una gran ocasión para haber certificado casi por completo la permanencia. Ahora deberá seguir remando para lograr un objetivo que, a pesar de dos derrotas consecutivas, sigue estando al alcance de la mano. Próximo destino: San Sebastián.
