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Un vendaval certifica virtualmente la permanencia en Primera

El Rayo Vallecano logró la mayor goleada de su historia en Primera División (6-0) a costa de un Osasuna que fue incapaz de frenar el vendaval de juego y goles de los franjirrojos.

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Ficha técnica:

Rayo Vallecano (6): Joel; Tito, Arribas, Pulido (A), Casado; Javi Fuego (Diamanka, minuto 78), Movilla; Piti (A), Michu, Armenteros (Pacheco, minuto 59) y Diego Costa (Delibasic, minuto 81).

C.A. Osasuna (0): Andrés Fernández, Damiá, Roversio (A), Flaño (A), Raitala (A) (Cejudo, minuto 45), Nekounam (Timor, minuto 45) (A), Puñal, Annunziata (Ibra, minuto 45), Nino, Raúl García y Lekic.

Arbitro: Estrada Fernández.

Goles: 1-0. Minuto 4. Movilla; 2-0. Minuto 17. Michu; 3-0. Minuto 27. Michu; 4-0. Minuto 36. Diego Costa; 5-0. Minuto 57. Armenteros; 6-0. Minuto 80. Tito.


El de hoy podría ser el resumen de un festival de goles, el reencuentro de una afición con la mejor versión de su equipo o, lo que muchos verán, una manera de reivindicar a un entrenador en apuros. Cualquiera de esas razones podría ser la verdadera, pero todas ellas quedarían tremendamente cojas sin entender el sentimiento de rabia expresado por Michu en la celebración de un gol, o la explosión de alegría de Tito al sumar otro o el alivio de Movilla al ver como uno de sus disparos se cuela en la portería contraria. Lo de hoy ha sido pura adrenalina puesta al servicio de un equipo con ganas de crecer y demostrar que las semanas pasadas fueron meros accidentes y que este Rayo todavía tiene mucho que decir en la liga de las estrellas.

La goleada al Osasuna (6-0), récord histórico del Rayo en Primera División, se fraguó desde el primer instante. La respuesta de los franjirrojos a la pasión demostrada por la afición en Anoeta fue colosal y el acierto, apoyado en una tremenda dosis de empuje y calidad, borró del césped de Vallecas a un conjunto rojillo que no estuvo a la altura de una afición pamplonica que se convirtió en la mejor versión de la de Vallecas lejos de casa.

Hoy, todos los astros estuvieron bien alineados para que el Rayo pudiera desplegar ese fútbol que le abandonó en Málaga o San Sebastián. El primer encuentro con el área de Andrés ya presagiaba que estábamos ante una tarde grande, enorme. Y el primer protagonista no podía ser otro que Movilla. El centrocampista se encontró con un balón en la frontal y su disparo, ese que tantas veces sale ‘mordido’ o directamente al quinto piso del edificio que custodia uno de los fondos, se coló en la portería de Andrés. Ahí arrancó una fiesta sin fin, una borrachera de goles, ocasiones, más goles y más ocasiones, que dio como resultado una goleada de las que redimen cualquier pecado y de las que terminan por curar cualquier herida (o hacerla más profunda, que seguramente será el caso).

Para entender lo sucedido habrá que remontarse al principio, ese en el que Sandoval apostó por Pulido en el centro de la defensa, el mismo en el que devolvía a Piti a la alineación inicial o en el que situaba a Movilla por delante de Javi Fuego para comandar a un equipo sin miedo a perder, pero con muchas ganas de sumar una victoria que le permitiera, virtualmente, celebrar la permanencia. Con este punto de arranque, con un gol tempranero y con un Osasuna desaparecido, los franjirrojos se hicieron gigantes mientras los rojillos empequeñecían y deambulaban como meros comparsas de una exhibición en toda regla. Acostumbrados a ver despliegues como el de hoy en el Bernabéu o en el Camp Nou, vivir una fiesta como esta en Vallecas es un momento que debería recordarse por mucho tiempo. El Estadio de Vallecas, prácticamente lleno, participó de un vendaval que tuvo a Piti y Michu como verdugos, a Diego Costa y Armenteros como actores principales y Tito y Javi Fuego como ejemplos de constancia. El Rayo brilló a gran nivel y desde la defensa al ataque no hubo apenas «peros» que poner, ¿quién podría después de semejante despliegue?

Antes del gol inicial de Movilla, Armenteros se dejó ver por el área del Osasuna para hacer sentir a los de Mendilibar que jugar en Vallecas debería ser una prueba de fuego para cualquiera. Al cuarto de hora de partido, los vallecanos habían sumado una nueva acción con remate a la escuadra de Piti, posterior intento de Michu al poste y nuevo remate al cuerpo de un Andrés que tuvo que multiplicarse para intentar frenar la avalancha de camisetas blancas con franja roja que se le venía encima. No pudo hacer lo mismo en la siguiente acción culminada por un excepcional Michu que, reencontrándose consigo mismo, remató de cabeza un gran envío de Tito. Su rabia en la celebración hizo esfumarse los malos momentos vividos por el asturiano durante el último mes de competición.

El Rayo era un equipo imparable, insaciable. Armenteros seguía probando fortuna y Michu continuaba acertando de cara a puerta. Diego Costa, con una chispa y punta de velocidad endiablada, se escapó de sus marcadores para permitir que el ovetense certificara su gran tarde con el segundo de su cuenta. Apenas rondábamos la primera media hora de encuentro y el Rayo ya ganaba cómodamente por un 3-0 que incluso sabía a poco. Los franjirrojos no tenían piedad con un rival blando y que en nada se pareció al equipo luchador y aguerrido que les ha permitido estar en la pelea por los puestos europeos. Los de Mendilibar, discretamente situado tras el banquillo de su equipo, fueron incapaces de frenar las acometidas de un Rayo que siguió a lo suyo y que en el minuto 35, con nueva acción individual de Diego Costa (4-0), cerraba una primera parte de libro.

La segunda mitad certificó la mayor fiesta de los últimos tiempos en Vallecas

El Rayo no levantó el pie del acelerador y en una segunda mitad en la que siguió demostrando quién mandaba sobre el césped, rubricó la goleada. Las entradas por banda, la movilidad de Piti, que con su entusiasmo y presencia reivindicó un sitio eterno en las alineaciones del Rayo, y el remate acertado de los hombres de ataque, siguieron consumiendo a un Osasuna que intentó algo más, pero que demostró tener la cabeza en otro sitio. Al cuarto de hora de la reanudación Michu, de espaldas a portería, dejó un balón a Armenteros que el argentino no desaprovechó. Antes, Timor obligó a Joel a estirarse en la primera acción de ataque de los visitantes, mientras que después sería Raúl García el que se encontraría con el palo de la portería vallecana. Hasta ahí llegó la apuesta ofensiva del Osasuna, que siguió sufriendo los constantes ataques en avalancha del Rayo.

Fruto de uno de estos acercamientos llegaría el gol de Tito. El lateral, a falta de diez minutos para la conclusión ponía fin a una goleada que permite viajar a Valencia con una sonrisa y pensando de nuevo que Europa está más cerca de lo que pareció hace apenas siete días. Los gritos contra Presa o a favor de Sandoval merecen capítulo aparte en la historia de un Rayo, convulso en los despachos, y en plena ebullición sobre el terreno de juego.

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