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Rubén Castro, en la ‘cresta’ de la ola

>© PXR. Vallecas, 21 Octubre 2009
Cuando finalizó la temporada pasada Rubén Castro regresó a su actual club, después de haber triunfado en la S.D. Huesca, buscando una oportunidad. Su intención era la de triunfar en el Deportivo de la Coruña y empezar a disfrutar de los minutos y las oportunidades que desde que llegó a la entidad gallega se le habían ido negando año a año. Una vez más, la historia no iba a ser diferente.

A pesar de su entrega y trabajo diario en los entrenamientos del conjunto coruñés, no disputó ni un solo minuto en la pretemporada y su salida estaba cantada. El Huesca solicitó a la directiva blanquiazul la cesión del delantero canario por segundo año consecutivo, pero la idea de Lendoiro y de su junta era otra. Había que intentar amortizar el potencial del jugador y eso se tenía que hacer en Madrid.

Tras la solicitud económica, que no llegó a fructificar, los gallegos ‘plegaron velas’ y consintieron la cesión del jugador en vista de unas perspectivas deportivas que sin duda podrían revalorizar el coste del producto. De esta manera Rubén Castro llegaba al Rayo Vallecano para ayudar a los franjirrojos a luchar por el salto de categoría.

A pesar de su excepcional rendimiento allá por donde ha pasado, las dudas sobre su nivel de competición podían ser fundadas, habida cuenta de su nula participación durante todo el verano. Pero Rubén Castro tardaría poco en despejar las mismas. En un principio Pepe Mel había pedido paciencia, que no se pidieran resultados a corto plazo teniendo en cuenta que el grupo era prácticamente nuevo en un cincuenta por ciento y que se habían marchado pilares básicos como Diamé, Albiol o Enguix. Esta paciencia incluía, lógicamente, a Rubén Castro, un hombre gol al que de primeras no era lógico exigirle nada. Pero su rendimiento ha sorprendido a propios y extraños.

Sus números son espectaculares y le han encaramado a lo más alto de la tabla de goleadores de Segunda División. Cinco jornadas consecutivas goleando, doblete ante el Villarreal B, y una constante sensación de peligro cada vez que recibe un balón dentro del área, han situado a Rubén Castro en la “cresta” de la ola.

Un sentimiento, una ilusión… ¡aúpa Rayo, aúpa campeón!