Así les luce el pelo. Ante la llamada a la unidad, a la conjunción, a mirar todos para el mismo lado, a la solidaridad y el apoyo a los compañeros en apuros, algunos deciden que su ‘guerra’ termina con un par de días de vacaciones.
Opinión. No puede ser. No puede ser que mientras unos sufren los rigores de la ley concursal, mientras otros «lloran» por todos los rincones de éste país nuestro repleto de pillos y sinvergüenzas, mientras se habla de unidad (solo hay que echar un vistazo a la página oficial de AFE), mientras todo esto ocurre, hay quien se dedica a seguir trabajando sin más ni más. Y ustedes se preguntarán ¿es este un alegato contra el derecho de cualquiera a ejercer su opción de trabajar bajo cualquier circunstancia? No, no es eso. Es simplemente un llamamiento a la honestidad de quien se declara en huelga, pero acude a su puesto de trabajo.
De nada sirven las fotos con los jugadores de la roja al frente, de nada sirven las declaraciones de apoyo y comprensión para aquellos compañeros a los que dirigentes desalmados han dejado en la estacada, de nada sirve una declaración de intenciones si, al final, la vida sigue igual. ¿Qué significa dejar de jugar dos jornadas de liga si todos los equipos (o casi todos) continúan con su rutina diaria? ¿De qué sirve hacer una huelga si al final se disputa el Trofeo estandarte de uno de los clubes incluidos en la lucha de despachos? ¿No son acaso el Barcelona y el Real Madrid las dos cabezas visibles de la LFP? ¿No deberían ser ellos los que hicieran presión sobre el resto de «compañeros de viaje» para solucionar los problemas? ¿No son acaso los clubes los grandes beneficiados cuando las cosas marchan bien y los grandes perjudicados, se supone, cuando marchan mal? No, al final el que siempre paga las consecuencias es el aficionado. ¿A qué juegan los futbolistas? ¿Por qué utilizan dos caras para el mismo problema? Si estás en huelga, lo estás y si no, al tajo, como cualquier hijo de vecino.
Esto es un cachondeo. Unos piden, otros no dan, unos regatean, otros les dan la espalda… y el fútbol se juega en Europa, se juega en Barcelona y se entrena en toda España. Yo fui crítico, muy crítico con la decisión de Onésimo Sánchez -todo un ídolo de masas en Vallecas- y su Huesca cuando decidieron que la lucha de sus compañeros del Rayo era una pelea que no les afectaba, y no puedo serlo menos con todos esos jugadores, los que salen en las fotos y los que no, los que acaparan portadas y los que no, los que dicen sí a la huelga y, al final, siguen trabajando. ¿Así es como se hace una huelga en este país? Yo no lo entiendo y no lo acepto, porque ser consecuentes con las decisiones adoptadas debe ser una de las premisas a cumplir por la gente que se viste por los pies.
¿Qué es eso de no querer jugar dos jornadas de liga pero en cambio sí disputar el Joan Gamper o el trofeo que sea? ¿Qué es eso de estar de huelga y seguir acudiendo todos los días a los entrenamientos? Una vez más, y son ya muchas las ocasiones en las que esto ha ocurrido, las diferentes clases se siguen imponiendo. El rico dice ser solidario pero no lo demuestra y, entre tanto, el pobre se queda sin su pan, sin su dinero y quizá hasta sin su puesto de trabajo. ¿Solidaridad? Aquí no, desde luego.
