Estadios vacíos y televisiones apagadas

Opinión. La afición del Rayo Vallecano ha sido una vez más ninguneada, provocando una airada respuesta. El recurso del pataleo seguramente llegará poco lejos, pero ¿nos queda otra alternativa?.

Harto, cansado, aburrido y cabreado, muy cabreado.  Me pondré en la piel ‘de los de siempre’, de esa gente que semana a semana planifican buena parte de su vida en función de cuándo y dónde juega su equipo, de cuándo y dónde se dejarán su voz, su aliento y media vida. No hablo por supuesto de los que viven a cuerpo de rey a costa de ellos, de los «engominaos», «encorbataos» y pasados de moda que campan a sus anchas por los estadios de nuestro país (incluido el nuestro). Hoy no voy a hablar de humildad, de equipo de barrio, de gente sin recursos… ¡hoy no! Hoy hablaré de gente con sentimientos, de gente que sacrifica su economía y parte de su vida por acompañar a su equipo y de gente a la que, una vez más, se falta al respeto.

Sé que esto nunca va a pasar, pero los Astiazaranes de turno se merecían estadios vacíos y televisiones apagadas (han intentado tumbar a las emisoras de radio y no lo han conseguido, sigamos con ellas). Cuando ves a tu gente pedir daños y perjuicios, cuando les ves pedir cordura, sensatez y sentido común, es porque lamentamblente no hay nada de eso. Los que están arriba, los que tienen coches de alta gama, se permiten el lujo de ir a los mejores restaurantes y no miran con recelo los extractos bancarios, no entienden que 300 euros tirados a la basura, 200, 100 o incluso 30, no son parte de esas «buenas costumbres» que les suelen acompañar. Los que organizan los ‘saraos’ no saben, o no quieren saber, que detrás de los números, detrás de los 200 seguidores que acompañan a equipos como el Rayo cada desplazamiento fuera de Vallecas, hay una historia, una vida, un sentimiento… Se les tendría que caer la cara de vergüenza sólo con recibir una carta como la enviada por la Federación de Peñas del Rayo (a mí, gente normal, se me caería) e inmediatamente deberían haber salido a la luz y haber pedido disculpas públicamente.

No es la primera vez que pasa y seguramente no será la última. La incompetencia, incapacidad y falta de criterio de unos cuantos vuelve a repercutir en ‘los de siempre’.  Y sigo sin hablar de gente humilde, porque esto no tiene nada que ver. Es simplemente una cuestión de orgullo y de no dejarnos pisar. La seriedad con la que los dirigentes de la Liga llevan algunos asuntos se diluye cuando se trata de los aficionados, los que dan sentido a esto, los que pagan por esto.

Hoy he echado de menos un comunicado oficial del club, que suele aparecer para agradecer el apoyo de su afición. Hoy debería haber un comunicado de apoyo inverso, del Rayo hacia su gente, de comprensión y, si me apuran, de ayuda en lo que sea necesario. De momento, ese mensaje no ha aparecido. Supongo que en las oficinas del club se estará trabajando duro para cerrar todos los detalles del viaje a Pamplona, del partido del Valencia y del viaje a Barcelona, no digo que no, pero la afición merece que se les tenga en cuenta, principalmente desde su propia casa. Mal gesto. Luego pretendemos que nos tengan respeto, que se acuerden de nosotros y que nos traten bien. Deberíamos empezar por tratarnos bien a nosotros mismos y luego pedir que el Arsenal no mande al presidente del Rayo en Metro hasta el aeropuerto, o solicitar que los políticos vengan a ‘lucir palmito’ a un partido europeo del Femenino. Todo eso está muy bien, pero hay que empezar por mirarnos el ombligo.

No sé cuál es la solución, seguro que se os ocurren varias. Deportivamente, el cambio favorece la solicitud del Rayo Vallecano de contar con las mismas jornadas de descanso que el Barcelona, extradeportivamente lo sucedido es una patada a la inteligencia. Otra más.