El Rayo Vallecano empató (2-2) con el Athletic de Bilbao en el último partido de una temporada que se cierra con la mejor clasificación del club en toda su historia. Ahora tocará esperar para ver si en los despachos se consigue plaza europea.

Ficha técnica:
Rayo Vallecano (2): Rubén, Arbilla, Figueras (Lass, minuto 59), Gálvez, Nacho (Tito, minuto 45), Trashorras, Javi Fuego (A), Franco Vázquez, Piti, José Carlos y ‘Chori’ Domínguez (Delibasic, minuto 73).
Athletic (2): Iraizoz (A), Iraola, Gurpegui (A), San José (A), Aurtenetxe, Iturraspe, De Marcos, Ander Herrera (Castillo, minuto 62), Susaeta, Aduriz (A)(A) e Ibai (Toquero minuto 80).
Arbitro: Muñiz Fernández.
Goles: 1-0. Minuto 19. Franco Vázquez; 1-1. Minuto 30. Susaeta; 1-2. Minuto 48. Aurtenetxe; 2-2. Minuto 54. Piti.
El Rayo Vallecano ha puesto punto y final a su mejor temporada en toda la historia, empatando (2-2) ante el Athletic Club de Bilbao en un trepidante partido que pudo haber finalizado con la victoria de ambos y que finalmente lo hizo con un reparto de puntos que deja satisfechos a los de Bielsa y medio agradecidos a los de Jémez. Los vallecanos, que la semana pasada en Getafe ya habían conseguido el récord histórico de victorias en Primera División (16), con el empate de esta noche han conseguido también el de puntos (53) y su mejor clasificación (8º). No pudo ser séptimo, algo que quedará en el anecdotario de una temporada excepcional en la que el fútbol vistoso y alegre de los vallecanos ha deparado grandes jornadas futbolísticas, tanto dentro como fuera de Vallecas.
El Rayo no logró su objetivo de derrotar al Athletic y, por añadidura, se quedó sin la opción de meter más presión a un Real Betis que hizo sus deberes en el Ciutat de Valencia, sumando el punto que les valía para asegurarse un puesto en la Europa League la próxima temporada. A pesar de esto, los vallecanos dejaron de nuevo una buena impresión ante un Athletic con pegada arriba, que supo aprovechar sus opciones para decantar un partido que parecía estar ‘inventado’ para concluir de forma totalmente distinta.
El conjunto franjirrojo saltó al césped del Estadio de Vallecas (mención aparte merece la increíble afición vallecana) con una intensidad y una velocidad en todas sus acciones que impedían la libre circulación de balón y jugadores por ninguna parcela del terreno de juego. Cada balón dividido, cada envío al hueco, cada acción de disputa era ganada por un jugador del Rayo, por uno de esos hombres que se han ganado el derecho a fichar por equipos de mayor potencial (Javi Fuego, Piti, ‘Chori’…) o el derecho a continuar una nueva temporada, o dos, defendiendo la franjirroja (Trashorras, Tito, Gálvez,…).
El partido ante el Ahtletic era una de esas luchas que, a priori, parecían desiguales. Primero, por la diferencia de trayectoria y de desarrollo futbolístico de unos y otros a lo largo del año, y segundo, y mucho más importante, por lo que estos y aquellos tenían en juego. Los rayistas se jugaban terminar como el mejor Rayo de toda la historia y, además, ponían en juego sus últimas opciones de alcanzar Europa por la vía rápida. Los bilbaínos, demostrar a su afición -una vez más muy numerosa en Vallecas-, que lo de esta temporada ha sido un «accidente» y que su potencial está muy lejos de ser el de un equipo que se salva a pocas jornadas del final de la liga.
Todo se ponía de cara para los locales cuando en el minuto diez, Aduriz, tras dos acciones marcadas por un incomprensible exceso de agresividad, dejaba a su equipo con diez al ser expulsado por Muñíz Fernández. Mucho más cuando, el ‘Muido’ Vázquez, otra vez titular y moviéndose con mayor libertad que al principio de temporada, acertaba con la portería de Iraizoz adelantando al Rayo y poniendo el partido en dirección a la victoria definitiva. Gol a favor, expulsión y mayor control de balón, daban respuesta a un remate al poste inicial de Ibai que, antes del desarrollo de estos veinte minutos iniciales, ya había avisado a Rubén de las intenciones de un Athletic «demasiado» metido en la disputa de un partido aparentemente intrascendente para sus jugadores.
Varios intentos con llegadas por banda y centros al área, con remates de ‘Chori’ o Piti no sirvieron para aumentar la renta, mientras Susaeta devolvía la igualdad al marcador al lograr el primero de su equipo a la media hora.
Despedidas, despedidas y más despedidas en un partido que finalizó en empate
Nada más arrancar la segunda mitad, Aurtenetxe aprovechaba una indecisión de José Carlos dentro del área para, tras adelantarse al interior del Rayo, superar a Rubén y poner un sorprendente 1-2 en el marcador.
A partir de ahí, el partido dio un vuelco espectacular. El Athletic retrasó unos metros su posición, impidiendo que hubiera espacios entre sus líneas y que la fluidez de juego de los vallecanos les crease problemas (máxime con su inferioridad numérica). El Rayo se volcó en una ofensiva brutal, quizá algo suicida, pero que no dejó lugar a dudas sobre las intenciones de unos hombres que habían llegado hasta aquí para «morir con las botas puestas». Es cierto que sus alocados intentos finalizaron demasiadas veces con remates muy alejados de la portería de Iraizoz, pero no es menos cierto que el empuje, la garra, la entrega y la presencia de estos hombres volvió a ser digna de todo elogio.
Piti cerró su magnífica cuenta goleadora (18 goles esta temporada) aprovechando un error en el despeje del portero vasco y el Rayo, intentó, intentó y siguió intentando lograr una victoria que finalmente se le negaría por activa y por pasiva. Tito, que había sustituido a Nacho en el descanso, realizó una gran internada por banda derecha, pero se equivocó en el disparo final, Javi Fuego ‘cazó’ un balón en la frontal y su remate se marchó cerca del palo, mientras Franco Vázquez, Lass o Arbilla intentaban, sin lograrlo, el gol definitivo.
En el partido de hoy se marchaban Rubén, Amat, Javi Fuego, Tamudo, ‘Chori’, Franco Vázquez, Rubén… quizá Piti… toda una serie de hombres y nombres que formarán parte para siempre del, hasta la fecha, mejor Rayo de la historia.
La fiesta final, con invasión de campo incluida, queda para un capítulo aparte, porque lo de la afición de Vallecas, por repetido, no deja de ser impresionante.
