El ascenso del Rayo Vallecano B fue una auténtica alegría para todos, jugadores, técnicos, aficionados y, en general, para el club. Pero los méritos deportivos conseguidos distan mucho de la imagen que ofrece la entidad más allá de los mismos.
En el estreno del Rayo Vallecano B en la segunda RFEF fuimos testigos directos de algunas de las «deficiencias» que posteriormente se verían aumentadas con el demoledor acta del partido presentado por el colegiado.
El terreno de juego del campo 4 de la ciudad deportiva es indigno para cualquier categoría, pero mucho más si se aumenta el nivel de exigencia de la competición en sí. Un césped artificial irregular en el que el balón no rueda en condiciones, zonas que se levantan y pueden provocar lesiones…. en definitiva, un desastre que vuelve a dejar la imagen del club por los suelos. El colegiado indicó en el acta que «el terreno de juego de césped artificial presentaba varios desperfectos en el mismo, sobre todo en el interior de ambas áreas de penalti y de meta, con segmentos de césped que se levantaba y se separaban del resto, dejado a la vista el cemento/caucho debajo del terreno. Dichos desperfectos dificultaban el juego y ponían en riesgo de lesión tanto a jugadores como al equipo arbitral».
Pero mucho más demoledores fueron el resto de detalles de un club que, según el acta, «no dispone de médico» y «no nos facilita spray evanescente ya que, según el Delegado, pese a que disponen de los mismos, no nos los van a dejar debido a que «los árbitros se llevan los soportes de los sprays». El equipo arbitral también se quejó porque «tras haber llegado a las instalaciones deportivas, los empleados del club no nos permitieron acceder dentro de las mismas para aparcar el coche de alquiler, teniendo que buscar un lugar fuera de las mismas para estacionar el mismo».
El apartado de observaciones seguía indicando que «el club local no pudo presentarnos correctamente la alineación de jugadores hasta las 12:05 horas debido a una incidencia con las licencias de sus jugadores que el Delegado no pudo solucionar a tiempo y, a su vez, tuvo que cotejar varios documentos de identidad con jugadores para poder ser consignados en el acta».
Por último, las quejas del colegiado llegaron al extremo del absurdo al indicarse que «el club local no nos proporcionó toallas para ducharnos. Una vez finalizado el encuentro, un operario de la entidad nos facilitó toallas mojadas, previamente usadas por los jugadores del equipo tras acabar el partido».
Un acta que no deja lugar a la interpretación.
