Los de Vallecas plantaron cara a un equipazo de la Premier League que buscó el juego aéreo como principal recurso y que afrontó mejor el arranque del segundo acto hasta el gol de Mateta
Ficha técnica
Competición: Final de la UEFA Conference League
Fecha: 27 de mayo de 2026
Estadio: Zentralstadion de Leipzig
CRYSTAL PALACE
1 - 0
RAYO VALLECANO
CRYSTAL PALACE (1): Henderson, Muñoz, Riad (A), Lacroix, Canvot, Mitchell, Kamada, Wharton (A), Sarr, Mateta (Strand Larssen, minuto 76) y Yeremi Pino (A) (Guessand, minuto 80)
RAYO VALLECANO (0): Batalla, Ratiu, Lejeune, Ciss (A), Pep Chavarría, Unai López (A) (Pedro Díaz, minuto 63), Óscar Valentín (Mendy (A), minuto 63), De Frutos (Camello, minuto 69), Isi (A) (Ilias, minuto 78), Álvaro García (Pacha Espino, minuto 69) y Alemao
Goles: 1-0. Minuto 50. Mateta
Árbitro: Maurizio Mariani (campo) / Marco Di Bello (VAR)
Los dos mejores equipos de la competición. No se puede decir otra cosa después de lo visto en la final de la UEFA Conference League. Rayo Vallecano y Crystal Palace ofrecieron un espectáculo maravilloso que fue toda una oda al fútbol para los amantes del deporte rey. Pero es que la final se recordará por el espectacular ambiente en el estadio con dos aficiones volcadas con sus equipos que se dejaron la garganta durante los 90 minutos.
Colorido, fútbol de alto nivel, deportividad casi absoluta en toda la semana previa… Todos los ingredientes que una buena final debe tener incluyendo un gigantesco nivel de decibelios de dos hinchadas que llegaban por primera vez a la final de un entorchado europeo. Y si a ello sumamos dos ambiciosos entrenadores y dos plantillas con mucha hambre de títulos el resultado fue un partido vibrante, emocionante, intenso… Una batalla por cada centímetro de césped del Zentralstadion de Leipzig.

Tanto Oliver Glassner como Íñigo Pérez dieron poco margen a la sorpresa en sus onces iniciales y eso que venían con dudas relevantes en algunos de sus pilares de juego. Álvaro García pudo jugar en el esquema 4-2-3-1 habitual del técnico navarro con Ciss incrustado en la zaga completando un once muy habitual en los franjirrojos.
Después del majestuoso tifo y el espectacular mosaico mostrado por la afición rayista y la respuesta de la grada de animación inglesa, muchos rayistas aún tenían que frotarse los ojos recordando el escenario donde estábamos. El mayor desplazamiento de aficionados de la entidad nos dejaba imágenes que van a tardar en olvidarse de las retinas de muchas generaciones de rayistas.
El pitido inicial no nos despertó del sueño. Era momento de apretar los dientes; de demostrar que la modestia y la humildad de un barrio obrero no tiene nada que ver con falta de competitividad ni mucho menos con falta de oficio. Los primeros 30 minutos del encuentro fueron la mejor demostración de ello. Los nervios de los dos equipos estaban a flor de piel y un césped excesivamente seco provocaba las imprecisiones de unos y otros hasta el punto de que los primeros acercamientos llegaron a través de fallos impropios en la defensa.

Las más claras para la franja las tuvieron en sus botas tanto un voluntarioso y totalmente recuperado Álvaro García, que pecó de generosidad después de que Alemao le robara la cartera a la zaga londinense, y el propio ariete brasileño que se encontró un balón colgado al área que no es esperaba y su remate con la zurda casi sin quererlo se marchó desviado por el palo izquierdo de Henderson.
El conjunto inglés lo fiaba casi todo a la velocidad de sus tres puntas (Pino, Mateta y Sarr) tras recuperaciones motivadas por resbalones o imprecisiones en pases en un césped extra seco o bien al juego aéreo. Cada saque de banda en las proximidades del área y cada córner se celebraba con un rugido unánime desde la grada de las águilas.
No había miedo a perder ni mucho menos porque los dos equipos se lanzaban a tumba abierta a presionar a su rival para generar peligro en zona ofensiva. Los primeros 45 minutos se evaporaron de nuestras manos como si de un oasis en medio del desierto se tratara no sin antes suspirar de alivio ante el fallo en la ocasión marrada por Mateta de cabeza a bocajarro. La emoción de la final continuaría en el segundo acto.

Las espadas tardaron poco tiempo en afilarse tras el paso por vestuarios. Mateta aprovechó para cazar un rechace de Batalla a disparo absolutamente libre de marca de Wharton que recorrió 35 metros desde la medular hasta la frontal sin ningún impedimento. El Crystal Palace golpeaba primero y el Rayo Vallecano tenía un tremendo reto por delante: batir al gigante. Los siguientes minutos al gol no fueron halagüeños con un doble palo de Kamada a lanzamiento de falta y un paradón descomunal de Batalla cuando Mateta ya saboreaba el segundo.
El partido parecía muy cuesta arriba. Un tímido acercamiento de Alemao fue la única respuesta franjirroja sobre el césped hasta que llegó la del banquillo: refresco total en la medular con Pedro Díaz y Pathé Ciss adelantando su posición en sustitución de Unai López y Óscar Valentín.
Los ingleses dominaban el ritmo del choque y también la animación viéndose por delante en el luminoso. El Rayo seguía confiando en su idea de juego buscando el resquicio por donde hacerle daño a un casi impenetrable equipo armado a costa de futbolistas de calidad, de tremendo físico y de millones. Álvaro García tuvo el tanto del empate antes de ser sustituido pero su mal control impidió que los franjirrojos igualaran la contienda.
El Crystal Palace aprovechó el vaivén de cambios para replegar líneas. No quería que el Rayo Vallecano transitara y los de Vallecas se estrellaron una y otra vez contra el muro. La hinchada franjirroja empujaba en Leipzig, la hinchada franjirroja empujaba en Vallecas pero a veces el corazón no es suficiente para escribir una página única e histórica en el fútbol.
Terminaba así la aventura europea del Rayo sin conseguir la clasificación europea a través de la Liga por un solo punto y sin conseguir la clasificación europea a través de la Conference por un solo gol. Es el destino del humilde. Soñar, luchar, sufrir, caer y volver a empezar.
