Opinión. El Atlético de Madrid es un club con un historial importante que, sin embargo, siempre lleva consigo una eterna sombra de victimismo y de equipo perdedor.
Pocas veces un gol ha hecho tanto daño a una institución como aquel marcado por Schwarzenbeck a un minuto de la final de la prórroga de la Copa de Europa de 1974. Ahí nació para el Atlético la leyenda del pupas (Calderón, ¿por qué no cerraste la boca?) y se inició una etapa de oprobio y decadencia, de dejadez y abandono provocada por el olvido de unos valores que siempre han estado ahí y a los que, estúpidamente, el club y su masa social han dado la espalda. Ahí nació una injusta leyenda de equipo que ni los anteriores títulos ni los posteriores han logrado eliminar.
El palmarés colchonero atesora nueve Ligas, nueve Copas, una Supercopa de España, una Copa Intercontinental, una Copa de la UEFA, una Recopa de Europa y una Supercopa de Europa y aún con todo eso el Atlético de Madrid lastra la imagen de equipo perdedor. ¿Por qué? Es cierto que los últimos años no han sido buenos, pero la historia está ahí, y aunque esta no puede servir como eterna justificación, sí debe ser un contínuo acicate para no caer en el desánimo. Y es ahí donde se han instalado el club, sus socios y seguidores: en la comodidad del perdedor; esa forma de ser que supone caer simpático a los demás, pero que engendra una traición a la historia atlética. Y es que el cómodo no se exige a sí mismo y esta, y no otra, es la condición para llegar a la cima. Además, al hilo de la comodidad, el Atlético ha fomentado todos estos años una coartada tramposa: el victimismo, otra vil excusa para explicar la oscuridad deportiva.
Y una más, y no menor, para explicar los males atléticos: la obsesión con el Real Madrid. La eterna comparación con el vecino; más rico, sí, con más títulos, sí, ¿y qué? Creo yo que para solucionar sus males, que por cierto ya no son tantos, lo reconozco, el Atlético debería hacer una profunda reflexión y seguir un programa para el cual propongo los siguientes puntos:
1. Mirar hacia su historia, ver que es un club grande y un club ganador. Hablar con sus estrellas de otras épocas. Grifa decía que el Atlético de su época “tenía carácter e infundía respeto” y que esas estrellas guíen a los nuevos jugadores.
2. Eliminar actitudes y palabras. No se pueden volver a oír expresiones como “el pupas”, “siempre igual”, “os gusta sufrir” o anuncios como “papá, por qué somos del Atleti?”, por muy simpático que pueda parecer.
3. Infundir carácter ganador: desde el primer jugador hasta el último conserje del estadio o el último aficionado. Si te vas a conformar con un empate, no te quiero como aficionado en este equipo.
4. Eliminar la ansiedad. Este club debe recuperar su historia, pero hacerlo lleva tiempo y las cosas se hacen despacio; las prisas no son buenas consejeras y la presión debe dosificarse.
5. Olvidarse del vecino. Las obsesiones nunca son buenas para nada, te impiden crecer y de eso, finalmente, es de lo que se trata. ¿O no?
