De 75 euros en el Bernabéu a 90 euros en el Camp Nou. Y pronto llegaremos a las 3 cifras. La locura de precios de las entradas en el fútbol español ha llegado hasta la zona de las aficiones visitantes en los estadios de la Liga. Esa que asegura que el aficionado es lo más importante pero que se esfuerza constantemente en expulsarle aplicandole una Ley del Deporte estricta para la grada y laxa para los palcos y zonas VIP o quitándole el dinero a dos manos cada vez que sale fuera de su estadio.
De hecho, la entidad franjirroja estuvo durante muchas jornadas sin garantizar entradas para los aficionados visitantes al no cumplir el requisito de la Liga que obligaba a la existencia de una separación física. La propiedad rayista cubrió el expediente con una red a la espera de que la Comunidad de Madrid, propietaria del estadio, ejecute la instalación de esa obra.

Y en Vallecas empezamos a estar tristemente acostumbrados a ello (incluso pagando más por un partido que la afición visitante como sucederá en Conference League). Los disparatados costes de localidades para ver fútbol están superando todos los límites. Ya lo pudimos ver en la jornada 3 y en la 12 cuando Barcelona y Madrid visitaron al Rayo en su casa donde los visitantes pagaron 90 por una localidad en lateral baja.
En una especie de ojo por ojo, el coste en los partidos de vuelta también ha sido una locura dificultando que cualquier familia pueda plantearse si quiera acudir juntos a uno de estos encuentros. Una locura que alguien debe detener. El Rayo Vallecano es uno de los pocos clubes que no ha firmado el acuerdo de entradas visitantes que garantizan un número de entradas a un determinado precio. Una situación que paga el rayismo con entradas visitantes cerca de las tres cifras.
