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OPINIÓN

Estadio de Vallecas: Ser limpio, profesional y cariñoso no debe ser tan difícil

Ver cómo estaba ayer el Estadio Municipal de Butarque y compararlo con el Estadio de Vallecas me llevó a esta pregunta: ¿Es tan difícil?

Estadio de Vallecas: Ser limpio, profesional y cariñoso no debe ser tan difícil
Imagen general del Estadio de Butarque en Leganés antes del Rayo - Alavés (c) Pasión por el Rayo

Resulta que ayer, cuando los bares de la Albufera, Arroyo del Olivar, Teniente Muñoz Díaz y Payaso Fofó, por ser lo más cercanos, pero también calles como Josefa Díaz, Dolores Folgueras, Puerto del Monasterio, Sierra del Valle o Palomeras, entre muchas otras, debían tener el bullicio de una previa del Rayo, aunque fuera en pleno mes de agosto, alguien se empeñó en que ‘la fiesta vallekana’ se trasladara a Leganés y a Butarque. Resulta que ayer, mientras debíamos estar recogiendo nuestra acreditación en la puerta 14 del Estadio de Vallecas, en realidad estábamos en la puerta 4 del Estadio de Butarque. Resulta que ayer, cuando deberíamos haber visto miles de caras de alegría, presenciamos una ‘performance’ triste y anodina en un lugar que nada tenía que ver con nosotros.

Ayer titulaba mi crónica con un mensaje claro, que el Rayo solo juega de local en Vallecas, pero ya puestos a viajar, no me queda otra que contar lo que vi. Porque no hace falta ir a Leipzig, Estrasburgo, Atenas, Samsun, Bialystok, Bratislava, Gotemburgo, ni siquiera a Szeded, ni jugar la Conference League, para comprobar que con algo de esfuerzo, con mucha profesionalidad, con cariño, con criterio, con inteligencia y con personal, un estadio de fútbol se convierte en lo que es o debería ser, un estadio de fútbol.

Butarque es el último ejemplo, pero ni siquiera tendríamos que irnos al fútbol profesional para asentar estas líneas. Podríamos hacerlo con la experiencia en Sagunto, en Lugones, Carballo (Bergantiños), Guijuelo, Avila o Yuncos, donde a falta de medios el trabajo de su gente transforma lo que puede parecer imposible para otros en una realidad casi mágica. No digo que sea fácil, pero tampoco parece tan difícil, ¿no creéis?

No lo sé a ciencia cierta, pero imagino que en Butarque tendrán las calderas en regla, las válvulas revisadas, los desagües limpios y sin atascos y las instalaciones interiores tan impolutas como las que a simple vista podemos observar cada vez que vamos por allí. En los últimos tiempos lo hemos hecho como visitantes y lamentablemente también como locales, y claro, la comparación es tan ofensiva que casi me da vergüenza verbalizarla. Que no haya basura en cada esquina, que todo el recinto se vea limpio, que las zonas sean totalmente accesibles, que haya personal por aquí y por allá, que te traten con máxima profesionalidad y que estés en un lugar aparentemente seguro no parece tan difícil. De hecho no debe serlo si todos lo cumplen salvo uno.

Porque de Vallecas se habla mucho últimamente en términos de suciedad y abandono general como si todo fuese cuestión de pasar un cepillo, una fregona y recoger cuatro trastos. No, ni mucho menos. De Vallecas hay que hablar de seguridad, de riesgo, de peligro, de saltarse la ley, de no tener los papeles en regla, de supuestamente no haber pasado revisiones obligatorias, de no haber cambiado materiales obsoletos, de planes de emergencia y de evacuación. En definitiva, hay que hablar de vidas y del riesgo al que han estado expuestas durante años.

Me da envidia todo lo que hay por ahí fuera, con menos dinero, con menos recursos, pero simplemente con algo de intención. Cada uno hasta donde llega, porque no se puede pedir a equipos de Preferente o de Tercera o Segunda RFEF que estén al nivel de Primera División, pero, resulta, que esos equipos también están por encima del Rayo Vallecano en el trato, en el cuidado y en la imagen de sus respectivas casas.

Está claro que esto no es casualidad, es un plan trazado y pensado para que ocurriera lo que parece que finalmente no va a suceder. Dejar morir desde dentro el Estadio de Vallecas parecería el ‘toque maestro’ de un genio que busca que su dueño piense que quizá era buena idea construir uno nuevo, moderno, grande y maravilloso en otro lugar. Y resulta que el plan perfecto se ha torcido. Y resulta que todo se ha venido abajo. Y resulta que ayer, cuando deberíamos haber estado disfrutando de la ‘fiesta vallekana’ en el Estadio de Vallecas, tuvimos que conformarnos con ver cómo en Leganés son más limpios, más profesionales, más cariñosos y más cuidadosos que los que mandan en Vallecas. Y resulta que quizá dentro de poco tengamos que ver cómo en otro lugar también se hacen las cosas como se debe. Sólo me queda soñar y esperar que quien debe hacer las cosas aquí aprenda y se le caiga la cara de vergüenza en la comparativa. Aunque dudo mucho que eso vaya a suceder.