Las primeras promesas incumplidas por la nueva directiva suenan a repetición de errores y a búsqueda de soluciones que no hace mucho tiempo aparecían como únicas y que, tras la llegada del nuevo propietario del club, parecen seguir siendo las que se adopten.
Según ha podido saber PxR, hoy era el día anunciado por el nuevo propietario y su equipo para hacer frente a los pagos acordados con los empleados del Rayo Vallecano, pero las promesas se han incumplido. Los pagos no han llegado a tiempo y los trabajadores de la entidad deberán seguir esperando para que se les abonen las cantidades que supuestamente se les iba a entregar. Hace aproximadamente diez días el nuevo propietario del club les comunicó su intención de realizar hoy los ingresos, pero éstos no han llegado.
El problema generado por este retraso no radica tanto en las consecuencias, negativas sin duda para todas aquellas familias que siguen confiando en los ‘salvadores’ del club, sino en el origen de la solución. Según parece, la intención de Raúl Martín Presa es retrasar el pago de estas nóminas al domingo, haciéndolo coincidir con los ingresos de la taquilla del encuentro ante el Xerez. Esta solución es, precisamente, la que se planteaba durante el mandato de la familia Ruiz-Mateos, algo que con la llegada del nuevo mandatario no parece haberse solventado.
Las inyecciones de dinero todavía no han aparecido
En un principio las aportaciones económicas de los nuevos dueños del club se cifraban en 95.000 euros semanales, pero después de varias semanas sin cumplirse los plazos que parecían haberse acordado, se plantea un nuevo escenario. Ahora la explicación que se ofrece es que se realizaba una primera ‘inyección’ económica de 95.000 euros y, posteriormente, a finales de mes se realizaría un ingreso de 295.000 euros. Entre tanto, los gastos básicos sí parece que se estén cubriendo, aunque los trabajadores de oficinas, mantenimiento y plantillas y cuerpos técnicos de base (incluido el equipo femenino, por ejemplo), siguen esperando que se cumpla con ellos y que, de una vez por todas, las promesas se transformen en realidades.
