En unos minutos finales del encuentro completamente vueltos del revés, en los que el colegiado canario Pérez Riverol quiso imponer su autoridad a base de tarjetas y más tarjetas, todos nos sorprendimos por el expulsión de Pepe Mel. El técnico del Rayo en la rueda de prensa posterior a la finalización del encuentro dijo: «Díselo a él, no le he dicho nada» y según recoge el acta del partido así fue.
La razón que motivó la expulsión del técnico vallecano fue «por levantarse del banquillo con los brazos en alto en señal de protesta, habiendo sido advertido previamente». Sin mediar palabra, sin aspamientos ni desconsideraciones… nada.
Pero ahí no quedaba todo. Llorens había sido expulsado y la razón no dista mucho de la de su entrenador, era su segunda amarilla y por tanto, a la ducha «por mostrar disconformidad a una de mis indicaciones».
Ya antes, en la primera tarjeta amarilla a Llorens el colegiado canario había impuesto su autoridad «por protestar una de mis indicaciones sin llegar al menosprecio ni al insulto».
Pero todo se había iniciado al borde del descanso cuando el cancerbero suplente del conjunto rayista, Rubén Falcón, también era amonestado «por hacer gestos de disconformidad sobre una de mis decisiones».
Los manchegos sufrieron en menor medida esta curiosa forma de decir ‘¡aquí mando yo!’ del colegiado canario, puesto que en el minuto 89, Alberto, que estaba en el banquillo y que ya había visto una tarjeta amarilla por una falta durante el encuentro, recibió la segunda por… ¡adivinen!, pues sí, «por levantarse del banquillo con los brazos en alto en señal de protesta».
Ver para creer. En un partido jugado con intensidad pero sin juego brusco, en el que las faltas las cometía principalmente el Albacete que era el equipo encargado de destruir el juego, las tarjetas y las expulsiones fueron para el Rayo… por levantar los brazos.
Un sentimiento, una ilusión… ¡aúpa Rayo, aúpa campeón!
