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>No es un estadio de fútbol, señores, es el cielo

>© PXR. Vallecas, 30 Octubre 2009
Opinión. Se corta la respiración, el corazón deja de latir, la sangre se hiela, sientes sudor frío, te tiemblan las manos, la mente se queda en blanco y de repente estás en el cielo. Entonces empiezas a escuchar el eco, los cánticos de fondo que poco a poco van llegando hasta ti y te preguntas ¿qué ha pasado?, ¿dónde estoy?… ¡Mi madre, si es un estadio de fútbol!, joder, ¡cualquiera lo diría!.

No es un estadio de fútbol, señores, es el cielo, la gloria, lo mejor que puede haber hablando del deporte rey. Siempre se habla de la afición del Rayo, del estadio Teresa Rivero, de las tardes épicas, de los cánticos de su afición, de la ‘vida Pirata’, y de no sé cuantas cosas más, pero… por mucho que se hable no habrá palabras que puedan transmitir lo que supone estar ahí.

Lo del miércoles volvió a ser espectacular, y digo volvió porque ya lo fue no hace mucho ante el Zamora y se acercó frente al Tenerife. Estar ahí abajo es tocar tus sueños con la yema de los dedos, esos sueños que se van escapando día a día, es una alegría que te transporta, que si cierras los ojos te lleva a Maracaná, al antiguo Wembley o a la propia Catedral del fútbol español, donde dentro de muy poco tendremos la ocasión de estar. Oír los cánticos de esta afición es lo más grande.

El Bernabeu es enorme, el Camp Nou es colosal, pero les falta algo, les falta lo que al Teresa Rivero le sobra: emotividad. ¿Cuántas veces se habla de esos estadios como auténticos teatros, lugares donde la gente va a disfrutar de un espectáculo que les atropella o les deja indiferentes por partes iguales?. Aquí no, aquí, pase lo que pase, el espectáculo está asegurado. Será lo ‘compacto’ del estadio (y lo quieren jubilar, ¡no, por Dios!), será la acústica, o que en Vallecas hay ganas de marcha, no sé y me da igual. El caso es que aquí, el que no disfruta es porque no quiere.

Si marca Pachón, fiesta, si juega el Cádiz, fiesta, si el equipo lucha por ascender, más de lo mismo… Vallecas está de enhorabuena y los vallecanos estamos felices porque todo marcha viento en popa de un barco pirata que espera llegar a buen puerto. De momento me quedo con el huracán que llega desde la grada, ese lugar que hace que se ponga la piel de gallina y que me hace gritar tan fuerte como el miércoles: «¡Es de primera, el Rayo es de primera…!». Gracias a todos.

Un sentimiento, una ilusión… ¡aúpa Rayo, aúpa campeón!