El Rayo Vallecano consiguió la salvación en un partido agónico que finalizó con un gol de Raúl Tamudo en los instantes finales. Los de Vallecas seguirán en Primera División un año más.

Ficha técnica:
Rayo Vallecano (1): Cobeño, Tito, Casado (A), Labaka, Arribas (Tamudo, minuto 75) (A), Movilla (Trashorras, minuto 57), Piti (A), Armenteros (Lass, minuto 72), Javi Fuego, Diego Costa y Michu.
Granada C.F. (0): Julio César (A), Nyom, Ighalo, Iñigo López (A), Borja Gómez (A), Franco Jara, Mikel Rico, Martins, Lucena, Uche (Abel, minuto 87) y David Cortés (A).
Arbitro: Undiano Mallenco.
Goles: 1-0. Minuto 89. Raúl Tamudo.
Hoy resulta extremadamente complicado hablar de fútbol. Hoy toca hablar de sentimiento, de emoción, de alegría… de sufrimiento, también, pero bienvenido sea si el final es una apoteosis como la que hemos disfrutado en Vallecas. La historia de lo ocurrido hoy en el ‘Teatro de los sueños’ de este barrio no se puede entender más que empezando por el final, por un remate que vale la vida para un club humilde, para una gente humilde, para un equipo hecho de remiendos y que ha sabido subsistir a sus propias penurias internas, las que marca su situación y las que exigen aquellos que jamás entenderán lo que se siente cuando Tamudo marca un gol. Se alegrarán, seguro, pero por otras razones muy alejadas de la de los catorce mil seguidores franjirrojos que hoy abarrotaron un estadio que fue una fiesta, agónica, eso sí, pero fiesta al fin y al cabo.
El protagonista no podría ser otro que un hombre marcado por lo especial de sus goles. Suyos han sido varios de esos tantos que encumbran a uno al Olimpo de varios momentos inolvidables. Ninguno, seguro, como el de esta noche. Raúl Tamudo logró, en fuera de juego -solo lo diremos una vez- un gol que sirve para que el Rayo se mantenga en Primera División y lo hizo en los instantes de agonía de un partido en el que los de Sandoval no estuvieron cómodos y en el que la presión, los nervios, la emoción y la tensión dejaron poco espacio para el lucimiento futbolístico. El Rayo es de Primera, el Granada también, y mientras en Vallecas se llora de alegría, en Villarreal y en Gijón se lamentan viendo cómo sus equipos son ‘carne de Segunda’. La fortuna sonrió al Rayo cuando más lo necesitaba y Tamudo le dio a la entidad franjirroja mucho más en un segundo de lo que quizá le había dado al Espanyol en tantos años defendiendo su escudo y sus colores.
El Rayo dependía de sí mismo para salvar un año plagado de acontecimientos extradeportivos. Una victoria ante el Granada les salvaba y les evitaba depender del Getafe, que como era previsible terminó perdiendo ante el Zaragoza. Los de Sandoval recuperaron ‘sobre la bocina’ a dos de sus jugadores más importantes y, al menos psicológicamente, volvieron a convertirse en un equipo más armado, más seguro. Javi Fuego y Armenteros, que probablemente hayan dicho adiós esta misma noche a su paso por Vallecas, fueron titulares y Sandoval respiró con tranquilidad pensando que esto ya era un aliciente válido para que el equipo volviese a carburar. No lo fue del todo, aunque ayudó, al menos, a estabilizar una plantilla que ha tenido muchas dudas en los últimos meses.
El Granada no fue a su paso por Vallecas un convidado de piedra. Los de Abel Resino, sin gozar de grandes ocasiones de gol a lo largo del partido, estuvieron mejor plantados desde el pitido inicial y aprovecharon los problemas emocionales de los locales para calibrar sus posibilidades desde la tranquilidad de saberse salvados con un simple empate. No se volvieron locos, jugaron bien sus cartas y, pese a sufrir en el último minuto del partido, merecen seguir en Primera División un año más.
El Rayo por su parte estuvo acelerado y poco preciso. Diego Costa, el hombre más batallador de la zona ofensiva del Rayo, junto con Piti, volvió a pelearse con todos los integrantes de la defensa visitante. El tiempo pasaba y, aunque tampoco llegaban noticias de otros campos, el reloj no favorecía a los intereses de un Rayo que se empeñó en hacer sufrir a los suyos hasta el final.
Entre tanto, la grada del Estadio de Vallecas se convertía en el primer protagonista de un partido que quedará marcado en la historia de este club. Los aficionados franjirrojos alentaron a los suyos y, sin desfallecer un solo instante, siguieron empujando en busca de un gol que les evitara el sufrimiento final. Para colmo, el Zaragoza ya ganaba su partido en Getafe y los franjirrojos empezaban a sentir el vértigo que suponía el verse al borde de un precipicio al que no se habían asomado en toda la temporada.
Un descenso del Rayo hubiera sido injusto por su aportación a lo largo del año, porque nunca fue equipo de zona de descenso y porque con la afición que tiene se merece, como poco, un nuevo año de disfrute -ya veremos si previo paso por caja-. Y ahí apareció Tamudo para elevar Vallecas hasta el cielo y para convertir lo que parecía el previo de un funeral, en una fiesta sin igual. Su remate, empujado por las catorce mil almas del Estadio de Vallecas, fue seguido por una explosión de júbilo que llevó a varios aficionados a sumarse desde el campo a la celebración de los suyos. Puro corazón.
Lo que ocurrió después fue increíble. Con el gol de Tamudo en el minuto 90, el Granada parecía equipo de Segunda División, pero un tanto de Falcao en Villarreal les devolvía la vida que el delantero catalán parecía haberles quitado. La fiesta fue conjunta y el Rayo, después de un año complicado, consiguió permanecer entre los grandes. Ahora, habrá que aprender de los errores y solucionar los problemas más evidentes de una entidad que ha dado el primer paso hacia la consolidación. Enhorabuena a Vallecas.
