Opinión. Apenas faltan cinco jornadas de liga para que finalice la competición y el director general del Rayo Vallecano, Antonio Fernández Monterrubio, continúa sin dar la cara. Ya está bien.
Opinión. Pasan los meses y sigue sin dar la cara. A la sombra, tras el parapeto de los MartÃn Presa, Sardá o Tebas, Monterrubio, uno de los personajes más relevantes del Rayo Vallecano, no olvidemos que ocupa el puesto de Director General, sigue sin dar explicaciones públicas. No a nosotros, los medios que habitualmente cubrimos la actualidad del club, sino a sus socios, a su gente. Eso sà que es grave.
Desde la llegada de Monterrubio al Rayo, varias cosas, muchas, han cambiado en el club vallecano. Es cierto que no todas son malas, pero tampoco es menos cierto que no todas son buenas. Ni de unas ni de otras deja que le cuestionemos. Su sueldo, con subida incluida por «las buenas gestiones» realizadas, lo paga el Rayo Vallecano y siendo éste un club cercano, un club de la calle, de un barrio que se desvive por su escudo, por su camiseta, por su estadio y por su himno, Señor Monterrubio, ya es hora de dar la cara.
En PxR hemos intentado ser prudentes, pacientes, pero todo tiene un lÃmite. Los dÃas del club, patrocinados, gestados y promovidos por Monterrubio, son el último punto de fricción con una afición que lleva varios meses pidiendo que este señor, y el resto de responsables del club, les hagan caso. Anteriormente fue la falta de patrocinio o los despidos de varios empleados… un suma y sigue, que tiene la misma firma, la de ese hombre que no quiere dar la cara.
Monterrubio ha conseguido, sin hacer una sola declaración pública, ganarse la enemistad del aficionado medio. Su llegada, de la mano de un Javier Tebas que públicamente defendió su gestión y que parece estar encantado con la manera en que este hombre está llevando las riendas del club, vino envuelta en la polémica de su paso por Xerez. El dice que hubo persecución y como ocurre ahora en Vallecas, que se trataba de una minorÃa. MayorÃa o minorÃa, su puesto requiere algo más de transparencia.
En Vallecas ya nos hemos cansado de sufrir a aquellos que permanecen a la sombra de otros. Lo estuvieron los hijos de Ruiz-Mateos a la sombra de su madre Teresa, y lo está Monterrubio a la sombra de otros personajes que, cuando las cosas se tuercen, están como locos por hacer una llamada y por consultar los pasos que se deben dar.
¿De qué se esconde? ¿A qué le tiene miedo? Su puesto conlleva una responsabilidad. Puedo estar de acuerdo en que no se le «fichó» para dar ruedas de prensa, como nos dijo Tebas, pero ¿ni una sola en todo este tiempo?, ¿ni una entrevista?, ¿nada?. También coincido, evidentemente, en que los insultos están fuera de lugar (se consiguen más cosas con la elegancia y, sobre todo, con algo tan directo como lo que vimos el pasado domingo), pero entiendo la frustración de aquellos que llevan meses dándose cabezazos contra un muro tras el que sigue escondido este señor.
Al parecer, Monterrubio ha dicho que no hablará con los representantes de la Plataforma ADRV -de hecho a la última reunión mantenida con este colectivo acudió el vicepresidente José Mª Sardá-. Bonita manera de solucionar un ‘contencioso’. Hasta ahora ha hecho lo que le ha parecido más conveniente, no debÃa explicar a los aficionados el por qué de sus decisiones, no tenÃa por qué negociar nada, no estaba obligado a tener ningún gesto. Lo tuvo, de cara a la galerÃa, cuando accedió a incluir un paquete de entradas para desempleados o cuando consintió que se incluyeran entradas más baratas en las taquillas para aquellos partidos menos atractivos, que tampoco tuvieron una acogida tan especial como se esperaba. El resto, cerrojazo, puertas cerradas y a seguir peleando contra nadie.
El rayismo reclama explicaciones, sin tapujos, sin medias verdades y, sobre todo, sin intermediarios. Antonio Fernández Monterrubio forma parte, para bien o para mal, del Rayo Vallecano y, esto, en Vallecas, es mucho decir. Aquà no se puede vivir como si no pasara nada tomando ciertas decisiones, aquà la gente necesita saber, por supuesto, mucho más después de lo vivido en los últimos tiempos por estos lares. Ya está bien. Monterrubio, ¡da la cara!.
