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El Rayo vivirá una fiesta cumpliendo la ‘ley de Vallecas’

Opinión. El actual momento del Rayo, rubricado en un escenario que merece seguir muchos años en Primera División, y las inoportunas bajas antes de los partidos con «los grandes» centran un nuevo artículo de opinión en PxR.

Opinión. Es verdad que con la que está cayendo en Vallecas tras una temporada impecable hasta el momento parece un poco extraño arrancar un artículo de opinión en una publicación como la nuestra hablando de los rivales del Rayo, pero hoy creo que quién estuviera en el Molinón ayer entenderá lo que me lleva a empezar por aquí.

En Gijón tienen la suerte de disfrutar de unas instalaciones modélicas y de una afición de Primera. Los campos de Mareo, la cantera del Sporting, están muy por encima de lo que su equipo está ofreciendo en los últimos años, luchando con tesón por sobrevivir en una competición en la que el dinero, los fichajes millonarios y los caprichos del capital manejan a su antojo una liga que, salvo el honroso ejemplo de equipos como el Levante o el Osasuna, tiene ‘todo el pescado vendido antes de arrancar’. Ahí también aparece el Rayo, equipo supuestamente descendido antes de empezar a rodar el balón y que a falta de muchas jornadas tiene la salvación en el bolsillo (aunque le esté costando horrores terminar de rematar un año memorable en lo deportivo).

El Sporting merece seguir en Primera. Esa es la reflexión que me hago a la vuelta de Gijón. Los resultadistas y estadistas me remitirán a la clasificación, al juego con Preciado, al fútbol de Clemente o a la presencia de jugadores de nivel medio bajo para rebatir este argumento. Claro, no les puedo quitar la razón, pero yo no hablo de fútbol ahora. Me refiero a que ese estadio, simplemente espectacular, esa afición, acorde con el lugar en el que convive habitualmente con su equipo y esa ciudad, merecen seguir en la máxima categoría por muchos años. Y si no fuera así, regresar a las primeras de cambio. Es cierto que, a diferencia de equipos como el Rayo, cuentan con el apoyo de las instituciones y que en sus camisetas lucen el nombre de la ciudad a la que representan -de la misma manera que el Osasuna cambió el nombre de su estadio para recibir el apoyo de los mandamases de una política en la que el dinero empieza a escasear-. Ese es un dato importante a tener en cuenta, pero con todo y con eso, hay equipos que, por historia, por trayectoria, por trabajo bien hecho y por otras muchas razones, merecen al menos el cariño y la admiración del resto.

Sandoval lo resaltó en la rueda de prensa después de ver cómo su equipo caía derrotado y los dirigentes del Rayo, antes y después del partido, no pudieron hacer otra cosa más que reconocer el extraordinario trato recibido de parte de los directivos asturianos. El Molinón, complejo deportivo moderno -desde fuera parece cualquier cosa menos un estadio de fútbol-, fue testigo del cruce de caminos de dos instiuciones que viajan a velocidades distintas, pero con el mismo objetivo, permanecer en la élite para sobrevivir.

Lo del Rayo es menos preocupante de lo que podría ser, pero no deja de ser llamativo. Las continuas bajas, por lesión, por sanción o por decisión técnico-táctica, están ofreciendo un panorama poco esperanzador para recibir al Barcelona o para visitar al Mallorca o al Sevilla, antes de cerrar la temporada ante el Granada. Resulta curioso ver cómo varios jugadores cumplen partido de sanción antes de enfrentarse a Real Madrid o Barcelona, ganándose el «derecho» a lucirse ante uno de los grandes de la liga. No voy a entrar a valorar si merecen o no ese privilegio, para eso está Sandoval, pero las casualidades no existen, y menos a ciertos niveles, y mucho menos si vienen de tres en tres. Dicho esto, me sorprendió comprobar cómo Casado entró a destiempo y de manera impetuosa, sabiendo que una tarjeta le imposibilitaría medirse al Barcelona, recibiendo una amonestación tan innecesaria como llamativa. Y claro, unos que no estarán y otros que regresarán, ley del fútbol.

Mención aparte merece de nuevo el apartado económico-festivo de los dirigentes del Rayo. El segundo día de ayuda al club vuelve a gravar los bolsillos de una afición que, una vez más, volvió a estar presente en el Molinón y que, una vez más, volvió a demostrar el poco afecto que siente por los actuales propietarios de la entidad vallecana. Sus gritos, ahogados por el jolgorio de la grada del Sporting, seguro que llegaron a los oídos de un Martín Presa que parece pensar aquello de «va con el puesto, ¿no?». Vaya o no en el puesto, quizá ha llegado el momento de escuchar a aquellos que se dejan horas y horas y muchas ilusiones por apoyar a su equipo y a los que después se les paga… cobrando. Ley del usurero.

«La única realidad es que soy entrenador del Rayo Vallecano». Sandoval, puesto en el banquillo del Valencia, en el del Sporting o en el del Zaragoza, por no hablar de la otra media mitad de equipos que puedan haber pensado en cambiar de entrenador, «defiende» su situación hablando del Rayo. Bien por él, aunque en el fondo, lógicamente, se alegre al comprobar cómo por cada sitio que pasa su nombre suena, y mucho, para sustituir a unos o a otros. Ley de entrenadores y periodistas.

El domingo llega el Barcelona con sus estrellas y Vallecas será una fiesta porque, pase lo que pase, haya quien haya -tanto en el campo como en el palco-, la gente de este barrio y los aficionados en general de este equipo han luchado durante muchos años por volver a vivir partidos como este, que seguro que el próximo año volverán a repetirse. Ley de Vallecas.