Hoy vivimos la despedida de Oscar Trejo como jugador del Rayo Vallecano. Una tarde emocionante y repleta de sentimiento.
Ficha técnica
Competición: PRIMERA DIVISIÓN - JORNADA 37
Fecha: 17 Mayo 2026
Estadio: Estadio de Vallecas
RAYO VALLECANO
2 - 0
VILLARREAL
RAYO VALLECANO (2): Batalla, Ratiu, Lejeune (A), Pathe Ciss, Chavarría, Oscar Valentín, Unai López (A), De Frutos, Camello, Trejo y Alemao.
VILLARREAL (0): Arnau Tenas, Mouriño (A), Kambwala, Rafa Marín, Cardona, Buchanan, Comesaña, Gueye, Moleiro, Ayoze y Oluwasey.
Goles: 1-0. Minuto 20. Camello; 2-0. Minuto 47. Alemao.
Hoy podría empezar esta crónica hablando de fútbol, de la victoria del Rayo, de los goles de este o de aquel jugador o del maravilloso ambiente de Vallecas. Espero que me permitáis la licencia de enfocarla de manera distinta, porque el de hoy no ha sido un día rutinario de fútbol, el de hoy ha sido un día plagado de emociones, de sentimiento.
El último partido en Vallecas de esta temporada en la que el Rayo ha volado por toda Europa y en la que, además, está incluso a un paso de volver a conseguir otro billete europeo totalmente inesperado, en realidad ha significado el último baile de un futbolista diferente. Trejo hoy volvió a vestirse con su traje de gala, se puso el brazalete de capitán general y, con su magia, con su personalidad, nos llevó a todos de la mano en una tarde mágica, única.
Porque Trejo, con su cercanía, con su humildad, nos ha ganado a todos. A compañeros en el vestuario, a cuerpos técnicos, a trabajadores del club, a aficionados y a nosotros, los medios de comunicación. Para alguien como yo, que llevo casi 18 años viviendo el día a día de este maravilloso club, lo de esta tarde ha sido un momento duro. Alegría inmensa por poder disfrutar de su magia, de su toque, de su calidad, de ese tempo y esa gracia natural para manejar el ritmo de un partido, pero también tristeza infinita siendo consciente de que la de hoy sería su última muestra de magia, de calidad, de tempo y de gracia natural vestido con esa franja roja que tan bien le sienta y que ha sabido defender del primer al último segundo.
No quisiera caer en la simpleza de comparar a Trejo con Míchel o con otros grandes ídolos de la historia del Rayo, no lo haré. Trejo es único, es inigualable por muchas cuestiones. Porque vino de muy lejos para liderar a sus compañeros, los que fueran, en eso del barrionalismo y del vallecanismo. Siempre del lado de la gente, siempre mostrándose activo en cada causa, siempre defendiendo lo justo. En lo social, en lo de la calle, Trejo es único. Y se lo agradezco, porque sé que también le ha costado más de un disgusto y muy malos tragos.
Pero, además, Trejo es líder en el vestuario. Enseña a los nuevos, maneja al resto, sabe lo que hay y lo explica a las mil maravillas. Porque Trejo vivió una época dura, muy dura y, pese a todo, o precisamente por eso, decidió volver y no dejarnos solos. Vino para liderar de nuevo a este club, para sacarlo de Segunda División, para mantenerlo en Primera, para salvarlo del descenso, para llevarlo a unas semifinales de Copa y para meterlo en Europa. Trejo, incluso jugando poco, vino para llevarnos a una final europea y, su último baile, este ya será el definitivo, sólo puede ser levantando una Conference que este grupo se ha merecido.

Y si hablamos de la singularidad de Trejo, también debemos hacerlo de su fútbol, de su sobrada calidad. Trejo pasaba por ser uno de los mejores jugadores de Segunda División, no quiero decir el mejor por si alguien se ofende. Pero, además, Trejo fue uno de los mejores jugadores de Primera, sin discusión. Mereció ir a la selección argentina, sí, lo mereció. Y lució con orgullo el brazalete de capitán, hasta que prefirió echarse a un lado para disfrutar con tranquilidad de sus últimos años en el barrio, en el Rayo.
Trejo ha bailado esta noche su última pieza vallecana, la que ha hecho llorar a muchos, la que le ha destrozado a él por dentro. Hoy, alguien como yo, que lleva casi 18 años viviendo tantas cosas con el Rayo, también he sentido esa nostalgia sin que se hubiera marchado aún, esa tristeza pese a verle disfrutar con un balón en los pies, esa añoranza prematura y ese toquecito de orgullo por haberle visto llevar al Rayo tan lejos. Y, lo dicho, para alguien como yo, ver cómo se para un partido y se improvisa (o no, me da igual) un pasillo incluso con el equipo y cuerpo técnico rival, os prometo que me ha roto los esquemas. Trejo se merece todo lo que le habéis hecho vivir esta tarde en Vallecas, me emocioné por momentos, sonreí muchas veces y me quedé con el último baile de salón de un futbolista que me ha hecho disfrutar mucho, muchísimo, durante años. Su último baile ha sido el más difícil, pero también el más bonito. Gracias, capitán, gracias ‘Choco’.

Y gracias a nuestros lectores por entender esta crónica diferente de una victoria importante, porque el Rayo ganó y porque el Rayo volvió a disfrutar de una Vida Pirata y porque el Rayo se acerca más que nunca a volver a meterse en Europa. Espero que me entendáis, porque todo esto, siendo importante, quedó eclipsado por el adiós a un hombre que ha hecho mucho más que vestirse de corto, dar asistencias, repartir juego y meter goles. La historia reciente del Rayo no se podría explicar sin Trejo como actor principal.
