Opinión. Parece una pregunta simple, ¿dónde jugará el Rayo?, pero su complejidad es tal que no salgo de mi asombro al ver cómo algunos sólo piensan en si Leganés, Getafe, Metropolitano o Las Maragaritas, ah, no, perdonadme, que eso es de otra época (mejor en muchos aspectos). Empezaré la casa por el tejado, ¿en manos de quién estamos? ¿Quién se encarga de protegernos o como poco de evitar que corramos riesgos innecesarios? Pues, visto lo visto, eso es lo menos importante de todo lo que se ha escrito y opinado hoy. Solo parece importar si contra este o aquel equipo el Rayo jugará en este o en aquel estadio. Que no digo que no sea importante, ojo, pero yo voy algo más allá.
La Comunidad de Madrid encargó una auditoría hace meses y la misma arrojó un resultado que ahora se considera demoledor y obliga a actuar con urgencia. ¿Cuánto tiempo ha estado ese informe «demoledor» encima de la mesa de un despacho o en la carpeta de un ordenador? ¿Cuántos partidos de liga y de Conference League se han disputado a sabiendas de la existencia de una auditoría como esa? ¿Se ha puesto en riesgo a miles de personas en algún momento? Podría seguir haciéndome preguntas en esa misma línea, porque sinceramente no lo entiendo.
La Plataforma ADRV y la Federación de Peñas, más allá de los miles de testimonios y documentos gráficos aportados por los propios aficionados cada quince días, han venido alertando de las deficiencias del estadio, que en medios como Pasión por el Rayo también han sido publicadas a lo largo de los últimos años. A los riesgos de bajar por escaleras sin la iluminación necesaria, a los cables que salen de ventana a ventana a la altura de las cabezas de los aficionados y a la falta de limpieza general del recinto, tenemos que sumar algo que no se ve a simple vista y que tiene un nivel superior de responsabilidad y de riesgo. Los problemas estructurales del edificio, que recordemos ya estuvo con una ITE desfavorable, no son para tomárselos a broma. En ese recinto conviven cada 15 días trece o catorce mil personas y, sin querer ser alarmistas, pero sí realistas, quizá han corrido un peligro innecesario por la dejadez de unos y de otros.
Siempre lo hemos dicho. Si el Rayo tiene que hacer una serie de actuaciones de mantenimiento que no está acometiendo, el dueño de la instalación ya debería haberle sancionado duramente. ¿Por qué? Porque el deterioro del estadio va contra los intereses de su propietaria, la Comunidad de Madrid, y por extensión todos nosotros (directamente como rayistas e indirectamente como ciudadanos y ‘pagadores’ de impuestos en esta comunidad autónoma). De nada sirven las palabras, las sesiones plenarias en la sede de la Asamblea, las declaraciones en prensa, las advertencias públicas o privadas. Y si no se atiene a razones, pues lo lógico es que ocurra lo que ha sucedido hoy. ¿No cumples? ¿No justificas? ¿No presentas documentación? Pues se acabó… así de simple y así de duro.
El Rayo (o mejor dicho, su dueño) está instalado desde hace tiempo en una guerra por conseguir otro estadio. Cada semana le hemos oído reclamar una nueva ubicación y una nueva instalación, aduciendo que Vallecas se ha quedado pequeño (que a las pruebas de medias de asistencia nos remitimos para aclarar que no es verdad) y que está viejo y descuidado. Claro, si no lo cuidas ni lo mantienes, la lógica es abrumadora.
La responsabilidad del Rayo ya sabemos que es muy alta en todo esto, pero ¿y la Comunidad? ¿A qué se ha dedicado todos estos años? Recordemos que el Rayo ya tuvo problemas porque no pagaba el canon y después porque entendía que no le corresponde hacer ninguna obra en el estadio (ni menor, ni mayor, ni de ningún tipo). El convenio de cesión fue incumplido continuamente en varios de sus puntos y la Comunidad ha mirado para otro lado, terminando por asumir el coste de las reformas, integrales o para salir del paso, y sin obligar a su inquilino a cumplir su parte de mantenimiento. Y vuelvo al principio, si hace tiempo que sabían que el recinto no cumple las condiciones mínimas de seguridad, ¿por qué se han seguido disputando partidos ahí? ¿Quién se hubiera hecho responsable de cualquier desgracia que hubiese ocurrido? No es la primera vez que escribo esto y lo hago sin alarmismos baratos, pero ¿quién piensa en la gente, quién piensa en nosotros?
Hemos vivido meses de discordia, después parecía que había concordia y ahora hay ruptura total entre el club y la Comunidad. El resultado es que el Rayo se ha quedado sin su estadio (parece que temporalmente, pero aquí cualquier cosa puede pasar), que los aficionados del Rayo tendrán que emigrar a otro lugar, que nadie explica si ha habido peligro para las personas en estos últimos tiempos y que, más allá de si se juega en Leganés o en Mongolia, este vuelve a ser otro capítulo negro en la historia de un club que no puede estar peor gestionado. Y si no, ya abriremos el melón de la ciudad deportiva cuando toque…
