El Rayo Vallecano derrotó al Nástic (0-1) gracias a un gol anotado por Javi Guerra a falta de dos minutos para la conclusión y después de un partido en el que los vallecanos, sin jugar bien, fueron de menos a más, mejorando su imagen y logrando una importantÃsima victoria.

Ficha técnica:
Nástic de Tarragona (0): Dimitrievski, Mossa (A), Xavi Molina, Daisuke Suzuki, Djetei (ValentÃn, minuto 80), Madinda, Juan Muñiz (José Carlos, minuto 67), Gbayara, Ikechukwu Uche, Tejera (A) y Alex López (Delgado, minuto 59).
Rayo Vallecano (1): Gazzaniga, Rat, Zé Castro, Dorado, Quini (A), Baena (A) (Fran Beltrán, minuto 77), Trashorras, Ebert (A) (Manucho minuto 71), Diego Aguirre, Miku (Embarba, minuto 68) (A) y Javi Guerra.
Arbitro: González Fuertes (Colegio asturiano).
Goles: 0-1. Minuto 88. Javi Guerra.
El Rayo logró, ‘in extremis’ y en un partido que mejoró en la segunda mitad, sumar su segunda victoria consecutiva y la primera lejos del Estadio de Vallecas. Los de Baraja sufrieron más de la cuenta en la primera mitad, principalmente por su poca actividad colectiva, pero mejoraron en la segunda parte para, sin perder la fe, conseguir una victoria muy importante que les saca de zona de peligro y les coloca en buena disposición para encarar el choque del Ciutat de Valencia ante el Levante.
Rubén Baraja introdujo novedades en su equipo inicial en busca de la solución a los problemas que tuvo el conjunto vallecano ante el Alcorcón. Manteniendo la lÃnea defensiva y la zona de ataque, introdujo variantes en el centro del campo, con la entrada de Baena, y en la banda izquierda, con Diego Aguirre como estilete ofensivo por el costado zurdo. El resto del equipo mantuvo la fisonomÃa habitual, con Trashorras como director de juego, con Dorado y Zé manteniendo posiciones defensivas en el centro de la zaga y con Miku y Javi Guerra en busca de los goles que permitieran al cuadro vallecano sumar su primera victoria como visitante.
Los primeros compases del choque nos ofrecieron a un Rayo mucho más pendiente de mantener sus posiciones y no desordenarse, que de generar el fútbol necesario para doblegar al colista, un equipo al que ya conocÃan del duelo copero en el que los catalanes apearon a los franjirrojos de la competición del ‘KO’. El Nástic consumió los primeros diez minutos mareando el balón, moviendo de lado a lado sin profundidad y provocando que el duelo se limitase a la franja central del terreno de juego, donde ni unos ni otros imponÃan su ley. Uche se atrevió, tras acción individual, con un disparo a los doce de juego, mientras el Rayo buscaba con insistencia a un Diego Aguirre al que le costaba superar al japonés Suzuki, convertido hoy en improvisado lateral derecho.
Con Trashorras retornando a sus orÃgenes y recorriendo grandes distancias para iniciar el juego desde atrás, el Rayo quiso recuperar un fútbol totalmente abandonado en lo que va de temporada, aunque la tÃmida presión de los tarraconenses les devolvÃa de nuevo a la opción más sencilla y supuestamente más adaptada a la segunda división: los balones largos para la ‘pelea aérea’. Dos golpeos consecutivos de Tejera obligaron a Gazzaniga a pedir más intensidad defensiva a sus compañeros, que sufrieron por momentos las acometidas de Uche y que se agobiaron con los envÃos a la espalda de Aguirre y Rat en la banda izquierda.
A los veinte minutos y cuando el conjunto catalán parecÃa estirarse, una buena acción de contragolpe culminada con un claro penalti sobre Ebert no señalado por el colegiado asturiano González Fuertes serÃa el primer aviso de los vallecanos, que estaban tan cómodos como incómodos en según qué zonas del terreno de juego. El Rayo no dominaba el balón, no tenÃa controlado el partido y gastaba demasiadas energÃas en no perder el sitio para evitar que el rival generara peligro.
El partido era malo, con el Nástic intentando crear un fútbol que no tenÃa y con el Rayo evitando que el colista jugara un fútbol que no era capaz de jugar. Entre tanto, unas manos de Zé Castro dentro del área, no señaladas como penalti por el colegiado, terminaron de encender a un Nástic que centró sus iras en el director de un desconcierto que no parecÃa tener solución a corto plazo. Los locales al menos quisieron pisar área contraria, aunque cuando lo hicieron no tuvieron el acierto necesario para inquietar a un Gazzaniga que seguÃa insistiendo en mandar a los suyos arriba para pelear los balones aéreos que nunca ganaban.
La primera mitad finalizaba sin noticias del Rayo en ataque, más allá de una acción individual de Guerra que no pudo rematar en condiciones; y lo hacÃa sin un centro del campo dominador; sin esquema de juego; con demasiados envÃos largos y con un descontrol que precisamente era lo que intentaba evitar desde el primer minuto de juego.
Guerra marcó y el Rayo se trae tres puntos tras mejorar su imagen en la segunda mitad
El primer arreón de los franjirrojos nada más reiniciarse el choque tendrÃa como protagonistas a Javi Guerra, con un envÃo a la desesperada al corazón del área, y a Diego Aguirre, que enganchó un soberbio remate que se topó con el travesaño de la porterÃa de Dimitrievski, que suspiró al comprobar que el tremendo latigazo del toledano se alejaba de la lÃnea de gol. El Rayo empezó con mayores brÃos y con una velocidad más, provocando que el Nástic tuviera que estar más atento a lo que sucedÃa a sus espaldas que a lo que tenÃa por delante. Un gran control de Aguirre, tras despeje alocado de Gazzaniga, habilitó al extremo franjirrojo para gozar de su segunda ocasión en el partido, aunque el disparo final se marchó fuera. El Rayo ya acumulaba más opciones de ataque en apenas diez minutos, que en toda la primera mitad.
El cambio de actitud defensiva del equipo, con mucha mejor predisposición y mayor intensidad en la recuperación, provocó que los de Baraja dieran un cambio radical al choque, cuando menos en imagen, y durante un primer cuarto de hora en el que serÃan superiores a su rival.
Poco a poco el Rayo volverÃa a ceder la iniciativa a un Nástic que quiso balón y que tuvo la paciencia para reencontrar el camino que habÃa perdido. Entre tanto, Baraja movÃa ficha sacando del partido a Miku y dando entrada a Adrián Embarba, lo que provocarÃa un movimiento de piezas que llevó a Ebert a la media punta, lugar que apenas pudo ocupar un par de minutos debido a una lesión que le obligó a salir de partido de manera definitiva. Esta circunstancia permitió la entrada de Manucho a la punta de ataque junto a Javi Guerra, ofreciendo alternativas aéreas desconocidas hasta entonces por un Rayo que ya habÃa perdido su ‘don de mando’ y su contundencia con el balón en los pies.
Baena, falto de ritmo y con una tarjeta a sus espaldas con un cuarto de hora de juego por delante, se convirtió en el mayor peligro para los franjirrojos dentro de sus propias filas, obligando a Baraja a dar entrada a Fran Beltrán para tapar ‘un agujero’ que ya era más que evidente en el centro del campo vallecano. Entre lesión y circunstancias colaterales se consumieron las opciones de refresco de un Rayo que quiso recuperar el mando de un partido en el que de nuevo imperaba el descontrol y en el que Aguirre, buscando el hueco para la entrada de Manucho, volvió a convertirse en protagonista. El angoleño no pudo superar a Dimitrievski, consumiendo otra de las escasas opciones de gol que habÃa tenido el cuadro vallecano en la segunda mitad.
A falta de diez minutos, un remate de Embarba al palo mejoró los números de un Rayo incapaz de generar fútbol para superar la presión de los catalanes. Aun asÃ, una buena jugada en el tuya-mÃa entre Manucho y Javi Guerra pudo haber supuesto el 0-1, aunque el remate del delantero angoleño serÃa detenido por el meta local. Dos ocasiones clarÃsimas, con remate de Javi Guerra a bocajarro y con posterior intento de Beltrán escenificaron la desesperación de un equipo que renació en la segunda mitad y que explotó de júbilo cuando Embarba, que habÃa refrescado la banda en zona de ataque, encontró la entrada de un Javi Guerra que lograba el gol que suponÃa la victoria a domicilio del Rayo muchos meses después de aquel partido ante Las Palmas en la primera vuelta la temporada pasada en Primera División. El remate del malagueño, en postura inverosÃmil, premió la insistencia final de un Rayo que respira en la tabla pero que todavÃa debe crecer a nivel de fútbol.
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