>Un equipo de fútbol puede mostrar su esplendor de varias maneras: con fichajes de renombre, con un estadio digno del siglo XXI, con una estructura estable y bien asentada, con una masa social de 90.000 socios o simplemente demostrando cada jornada que sus cimientos soportan a una plantilla que rebosa calidad por los cuatro costados.
El Rayo de Pepe Mel tiene esto. Es un equipo sobrio cuando es necesario y explosivo cuando, como y donde quiere. Y en esa reflexión se resume el partido de ayer con el Eibar.
El conjunto franjirrojo saltó al Teresa Rivero sin complejos y a intentar tener el balón, pero el cuadro vasco, sereno, tranquilo y bien asentado sobre el fenomenal terreno de juego, porque señores es de aplaudir su estado, aguantó los pocos envites de los locales con solvencia. Así, entre algún disparo de los blaugranas, con un posible penalti en el area visitante y con un disparo de Piti que se marchó fuera, se consumieron los primeros veinte minutos de encuentro.
Y en ese momento apareció la figura de Enguix. Menudo trabajo el suyo en el tándem que forma con Diamé, impresionantes una vez más en el centro del terreno de juego, principalmente en la descomposición del equipo rival. Y apareció Enguix para firmar el gol de la noche al enviar un auténtico misil a la escuadra de la portería eibarresa. No se había cumplido la primera media hora de partido y el Rayo, en un encuentro de guerrillas, de empujones, de juego poco vistoso pero continuado, ya estaba por delante. Alguna llegada más consumía una primera parte que ni de lejos era presagio de lo que nos esperaba en la reanudación.
Una segunda parte para disfrutar
En el comienzo del segundo período vimos a un Eibar que intentó permitirse alguna que otra alegría ofensiva, siempre solucionada con solvencia por la defensa o por Cobeño, que según pasan las jornadas se va asentando en su puesto y empezando a demostrar la calidad que todos sabemos atesora. Pero este Rayo tiene algo especial. Es un equipo que cuando pone la maquinaria en marcha se transforma en un arma letal y temible, alentado por una grada que es de lo más impresionante que se puede sentir en un campo de fútbol. Para quien nunca haya estado en Vallecas, este es el mejor momento de sentir una sensación única. La comunicación entre equipo y afición es total, y unos y otros terminaron por ‘merendarse’ a un Eibar que acabó entregado a su suerte y que recibió un correctivo doloroso e incluso corto.
El primero en golpear a los armeros fue David Aganzo, que no podía dejar pasar una nueva oportunidad de ‘mojar’. Arañó un balón, lo paró, pensó, regateó y, con una sangre fría que solo poseen las grandes figuras, consiguió el 2-0. Ahí se acabó por completo el Eibar. Collantes, totalmente recuperado de su lesión, había reemplazado a Rubén Reyes y quiso reivindicar su sitio en el extremo izquierdo. Aquel lugar en el que brilló Rubén Reyes ante el Castellón, el mismo sitio en el que Jofre había demostrado su capacidad frente al Xerez, ahí mismo Collantes dijo: ¡esta es la mía!, y empezó a hacer diabluras.
Entre tanto, Piti, que una vez más y a pesar de intentarlo en varias ocasiones tampoco vio puerta, cedió su sitio a Pachón que no dejaría pasar su oportunidad. Recibió un balón en la frontal y con maestría lo envió al palo largo lejos del alcance del cancerbero visitante. 3-0 y la fiesta estaba servida.
Quedaban quince minutos por delante de auténtico delirio vallecano. El Rayo se soltó la melena, siguió apabullando al rival, controló el balón, trianguló y disfrutó jugando al fútbol ante un Eibar que se rindió a sus pies. Ahí se sumó Collantes al espectáculo, recogió un balón, dribló a todos los rivales que le salieron al paso y, con su velocidad endiablada, se plantó solo ante Zigor para batirle por bajo en lo que suponía el 4-0, provocando la explosión del polvorín vallecano. Tremendo fiestón con ola incluida.
Un postrero remate de Perera al larguero, y el gol del honor para los visitantes, no hicieron más que confirmar que quién se aburre en el Teresa Rivero es porque quiere.
Menuda pinta tiene este Rayo, recién aterrizado de Segunda «B», goleando en casa, jugando a un altísimo nivel y codeándose con Salamanca y Zaragoza en los primeros puestos de la liga Adelante.
Vallecas tiene equipo, tiene afición y hoy por hoy, juntos prometen hacernos disfrutar cada fin de semana.
Por el Rayo jugaron: Cobeño, Llorens, Amaya, Salva, Carlos, Enguix, Diamé, Rubén Reyes (Collantes, min. 53) , Albiol, Piti (Pachón, min. 69) y Aganzo (Perera, min. 61).
Un sentimiento, una ilusión…¡aúpa Rayo, aúpa campeón!
