El conjunto franjirrojo salvó los muebles en el último minuto con un gol de Ciss que rescató un punto con un jugador menos por una autoexpulsión de Mendy.
Ficha técnica
Competición: Jornada 28 Primera División LaLiga
Fecha: 16 de marzo de 2026
Estadio: Estadio de Vallecas
RAYO VALLECANO
1 - 1
LEVANTE
RAYO VALLECANO (1): Batalla, Balliu, Lejeune, Mendy (A+A), Pacha Espino, Gumbau (Álvaro García, minuto 46), Óscar Valentín (Isi, minuto 65), Pedro Díaz (Ciss, minuto 77), Fran Pérez (Ilias, minuto 46), De Frutos (A) y Alemao (Andrei, minuto 65)
LEVANTE (1): Ryan, Manu Sánchez (A), Moreno (A), Toljan (A), Matturro, Oriol Rey, Víctor García (Morales, minuto 74), Iker (Arriaga, minuto 74), Tunde (A) (Cortés (A), minuto 56), Iván Romero (Raghouber, minuto 74), Carlos Espí (Etta Eyong, minuto 84)
Goles: 0-1. Minuto 40. Carlos Espí. 1-1. Minuto 90+3. Ciss
Árbitro: César Soto Grado (campo) / Óliver de la Fuente Ramos (VAR)
El Rayo Vallecano mostró ante el Levante una faceta de impotencia que habíamos visto en momentos muy crudos de esta campaña como en el partido contra el Sevilla. Un partido en el que nunca pudo poner en liza su juego después de un planteamiento que a toro pasado pareció erróneo ante un rival con más intensidad y hambre de puntos. El empate final es uno de esos tropiezos agridulces que nadie hubiera firmado al inicio y todos firmaron al final por cómo se produjo. El rayismo estaba convencido de que lograría sellar media permanencia de cara a la próxima temporada y acabó celebrando un empate de la manera más épica posible: con un gol en el tiempo de descuento con 10 jugadores en el terreno de juego.
Íñigo Pérez parecía haber encontrado el equilibrio entre los partidos ligueros que conducen hacia la permanencia una temporada más del equipo vallecano y las eliminatorias europeas con las que sueña afición, cuerpo técnico y plantilla. Pero aun con ese equilibrio, el 11 inicial del técnico navarro olía más a Liga que a Conference. Batalla, Lejeune y Alemao eran los únicos 3 jugadores que repetían con respecto a Samsun.
Pese a ese intento de contar con piernas frescas en estos primeros 45 minutos el Levante le puso mucha más intensidad. A los franjirrojos les costaba muchísimo salir con el balón jugado de atrás y recorrían con excesiva frecuencia al patadón arriba: no al centro en largo al desmarque. Las ocasiones más claras para los levantinistas caían una y otra vez por la banda derecha y terminaban con la peligrosa aparición en el área de Carlos Espí.

Los ataques se sucedían en uno y otro campo. Los jugadores pisaban área constantemente y los porteros asistían atónitos a las ofensivas conscientes de que al primer acierto se abriría el marcador. La tuvo Pedro Díaz desde el punto de penalti pero no pudo acomodar el cuerpo debidamente y mandó su remate a las nubes. Idéntica situación veíamos en la otra portería con una zaga rayista superada en todo momento por las rápidas transiciones visitantes.
La lluvia de balones al área acabó fructificando para el cuadro granota con un remate impecable de Espí adelantándose a Balliu que besó las mallas. Lo celebró el equipo levantinista y lo lamentó media clasificación viendo que otro rival parecía engancharse a la permanencia. Un nuevo fallo en la marca dejando al lateral con su delantero más potente y peligroso en el juego aéreo y otro gol de cabeza tras centro al segundo palo.
El equipo no terminaba de encontrar la manera de hincarle el diente a un Levante que, sorprendentemente, mostró una ambición ofensiva que de haber tenido en las 27 jornadas anteriores seguramente le habrían hecho candidato a entrar en Liga de Campeones. El público, consciente de la herida que suponía el 0-1 pagaba su frustración con un colegiado que empezó pitando todo y a medida que fueron pasando los minutos no señalaba nada.

Con desconcierto y en medio de una bronca generalizada llegábamos al tiempo de descanso que debió servir para que el Rayo aclarara sus ideas y mostrara a su presente y a su próximo rival por qué es un equipo a temer. Sin embargo su planteamiento más agresivo yéndose a la yugular del conjunto granota iba a durar apenas 10 minutos. Los que tardó Mendy en autoexpulsarse por una mano a 50 metros de su portería teniendo tarjeta amarilla.
Los de Íñigo Pérez se fueron entonces sin orden ni concierto en busca del empate. No había una idea clara de juego sino más bien una apuesta por que los jugadores de calidad franjirrojos hicieran una obra de arte en alguna jugada aislada. Pero no fue el día. Lo más cerca que estuvo fue en un centro lateral de Álvaro García que Alemao estuvo a punto de enganchar con la caña.
Por contra el Levante pudo sentenciar hasta en tres ocasiones en manos a mano que evitó un inspirado Augusto Batalla. El encuentro parecía que podía haber durado 5 días más y el Rayo Vallecano no hubiera sido capaz de empatar a un rival con las ideas muy claras que además supo sacar de quicio a su contrincante. Sin embargo, el fútbol a veces tiene estas cosas.

Una clarísima ocasión de De Frutos al inicio del escasísimo tiempo de descuento (después en otros estadios te encuentras tiempo añadido de dos cifras) hizo creer a Vallecas que la igualada era posible. Ryan consiguió evitar de milagro el chut a bocajarro del segoviano y el posterior rechace de Ilias. Pero nada iba a poder hacer en la siguiente jugada: Ciss aparece como un obús en el segundo palo para acomodarse el balón con el vientre y mandar a la jaula el empate ante el delirio de la hinchada local.
Con 10. En una segunda parte que mereció perder claramente. Y rescató un punto. A la épica.
