El Rayo Vallecano no es uno de esos equipos que es capaz de alcanzar finales cada pocos años por lo que esta final de la UEFA Conference League ha pasado directamente a los anales de la historia franjirroja y será recordada durante decenas de años por multitud de generaciones rayistas capaces de recordar cada minuto que condujo hasta Leipzig.
La derrota por la mínima contra el Crystal Palace gracias a un solitario gol de Mateta no resta ningún mérito a lo logrado hasta aquí por un grupo de futbolistas y un cuerpo técnico irrepetible. Suyo ha sido el mérito no de construir un equipo de fútbol capaz de conseguir un subcampeonato de Europa sino de hacerlo como si de una familia se tratase donde todos y cada uno de sus miembros juega un papel fundamental.

De hecho su comunión con la afición es un punto muy a tener en cuenta tanto el las victorias como en las derrotas. Porque lo importante nunca fue llegar a una final o levantar un trofeo (o al menos no desde el punto de vista del hincha) sino conseguir que un equipo de fútbol representara algo más allá de lo que es un equipo de fútbol.
