Ayer fue un día feo y triste en Vallecas. Todo el mundo habló, para mal, del Estadio de Vallecas y, por extensión, del Rayo Vallecano. La imagen del club volvió a quedar manchada de nuevo por otra situación surrealista y fea que derivó en la suspensión del Rayo – Oviedo y en la protesta de la afición del Rayo Vallecano ante la gestión de un presidente que tiene sumido al club en una continua crisis en sus instalaciones. La ciudad deportiva inutilizada para Juvenil DH, filial y Femenino e impracticable para el resto de categorías (aunque sigan jugando a riesgo de lesionarse). El estadio… qué podemos añadir.

Hoy, veinticuatro horas después del momento previsto para el inicio del Rayo – Oviedo, en PxR nos hemos dado una vuelta por el Estadio de Vallecas. Hoy ya no había cientos de personas grabando, fotografiando y compartiendo las ‘miserias’ del lugar. Hoy, el estadio era testigo de las miradas curiosas de los que pasaban por sus alrededores. Ajeno a todo el revuelo generado, el estadio estaba tranquilo, sin movimiento, sin ruido, sin nada que perturbara la paz de un lugar maltratado y descuidado durante años.

Un día después de la suspensión del partido ante el Oviedo no había operarios cuidando el césped, las puertas estaban cerradas a cal y canto y el verde mostraba una imagen mucho más aceptable que en la corta distancia. Me cuentan que pisar ese césped era como andar sobre una gran balsa de agua, inestable, impracticable. Un auténtico desastre.
Desde ayer, el club no ha dado la cara. Relanzó el mensaje de Laliga suspendiendo el partido y comunicó cómo gestionar la devolución de las entradas. Ninguna explicación adicional, nada que decir. La aparente ‘tranquilidad’ del club contrasta con la marejada provocada por un estadio en el que hoy, tras la tempestad llegó la calma.

