Hay tópicos en la vida que sirven para consolarse, para autocomplacerse, para que en los momentos complicados intentemos ver el lado positivo de las cosas y quitar peso a la tristeza que te pueda haber caÃdo encima. Uno puede empezar por pensar que «esto es sólo fútbol» o que «eres un ‘pequeño’ luchando contra un ‘grande'». Puedes creer que «nadie regala nada» y que ojalá «el fútbol nos brinde otra oportunidad».
Ayer me pasó algo que pocas veces me suceden en el fútbol. Sin darme cuenta algo se me habÃa metido en el ojo izquierdo y, lo peor, es que también me ocurrió en el derecho. Esto, además, me provocó un nudo en el estómago que todavÃa ahora, varias horas después de ese «algo», sigue sin desatarse. No pude evitar que las emociones acumuladas a lo largo de tantos meses, cuando en Agosto empezábamos esta aventura que ni de lejos pensábamos que pudiera acabar en lo de ayer, saliesen a borbotones. Ver la emoción del resto terminó por abrir el grifo de algo contenido en un lugar como la zona de prensa en la que uno tiene que mostrarse sobrio, sereno y sin emociones. No fue fácil, porque la cabeza en esos momentos va a mil y el corazón, supongo que entenderéis que es incontrolable.
«No conocà mayor victoria que contigo en una derrota» puede resumir parte de lo vivido anoche en Leipzig, donde miles de vecinos, de amigos, de compañeros de grada, pasaron por lo mismo o por mucho más que yo. Intenté evitar mirar a las pantallas cuando la realización del partido en el circuito cerrado del estadio empezaba a cebarse con los rostros de tantos que, como en Anoeta o en Eibar, no pudieron contener la emoción. Intenté evitar fijarme en los ojos llorosos de Isi o de Iñigo o en el desconsuelo de Ratiu o la soledad de la mirada de Trejo. Intenté no emocionarme con las palabras de Iñigo en la sala de prensa. «Esto es sólo fútbol» intento decirme a mà mismo, pero no me lo creo.
Para Vallecas el Rayo es mucho más que fútbol, ya lo hemos explicado muchas veces. Me alegro de que el barrio se volcase con el equipo en algo tan grande como lo de ayer. Tengo que reconocer que con el paso de los dÃas fui creyendo cada vez más en que el sueño era posible y que aquel Rayo que estuvo en Segunda B, que aguantó y creció en Segunda y peleó en Primera, podÃa ser campeón de «algo», campeón en Europa. Quizá sea eso lo que me pasara o quizá, simplemente, que cuando quieres algo, quieres a alguien o tienes algo cerca y se te escapa, lo que os cuento termina sucediendo de manera natural.
Podemos volver a los tópicos de equipo humilde, de barrio, pequeño… podemos tirar de corazón, de coraje… pero yo me voy a quedar con el ejemplo de mi gente, de mi barrio, de mi afición. Quizá fuese eso también algo que potenciara aquel «algo» que se me metió en el ojo. Porque es en la derrota donde uno demuestra su grandeza y de eso vamos sobrados por Vallecas. El equipo aplaudiendo y reconociendo la victoria del rival y la afición sin moverse de sus asientos en el estadio, cantando, bailando, aplaudiendo y… llorando. Porque de eso querÃa hablaros hoy, de las emociones, de la alegrÃa y el orgullo de ver al Rayo en una final, de la enhorabuena a jugadores y cuerpo técnico y de las lágrimas derramadas por tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos.
Ya he vivido mucho con este Rayo y probablemente nunca vuelva a repetir lo de ayer. Por ahà quizá se acrecentaran las emociones. Pasará el tiempo y veré con perspectiva y amplitud lo vivido y lo conseguido. Hoy de momento sigo intentando sacarme ese «algo» de los ojos mientras busco la manera de deshacer el nudo de mi estómago.
