Mientras José Ramón Sandoval atendía a los diversos medios de comunicación congregados en la sala de prensa del estadio de Vallecas, sus jugadores irrumpieron en la misma y terminaron convirtiéndose en los auténticos protagonistas de una rueda de prensa muy especial.
El técnico del Rayo Vallecano, José Ramón Sandoval, hacía acto de presencia en la sala de prensa del estadio de Vallecas con muestras claras de lo que habían sido los momentos previos de celebración y alegría, primero en el césped con la afición y posteriormente en el vestuario con su plantilla.
«Estoy haciendo publicidad del Rayo», decía mientras mostraba un pañuelo y se colocaba la gorra que le acompañó durante todo momento tras el final del encuentro que devolvía al Rayo a Primera División. Las preguntas empezaron, las respuestas también… la fiesta llegaría minutos más tarde.
La primera pregunta hablaba de las dificultades que había tenido que superar el equipo en las últimas jornadas y que la historia parecía no tener fin. «Este guión estaba ya escrito, se lo dije a más de uno. Yo no me quiero subir ahora al carro, en julio ya lo advertí, y que sepa la gente que en Julio no teníamos equipo todavía. Cuando yo fiché todavía no se habían dado bajas y no se había fichado a nadie, pero creía en el equipo de trabajo que tenía detrás y sabía que con trabajo y humildad se puede conseguir todo. Sabía que tenía una gran afición detrás, que es el mejor activo que un club puede tener para poder subir a Primera División y con esa afición, hicimos el equipo, y lo conseguimos».
Sandoval continuó hablando y, para sorpresa de todos, lo hizo dirigiendo su siguiente mirada al pueblo cordobés de Pozoblanco, localidad de su mujer. «Ese pueblo será conocido por la trágica muerte de Paquirri. Quiero que, a partir de ahora, en el Rayo Vallecano esta leyenda negra se transforme en una leyenda bonita. Todas las pretemporadas que he hecho con mis equipos en Pozoblanco, hemos terminado ascendiendo. Le pedí por favor que me permitieran jugar contra un equipo de Tercera División y lo veían como una locura, pero ese día no era únicamente para jugar al fútbol, sino para convivir. Ese día es cuando mi equipo, mis fichajes, empiezan a convivir de verdad. Nos dieron un festín gracias a una cooperativa de jamones con la que contacté, vimos fábricas y demás. Por la tarde nos enfrentamos al equipo de Pozoblanco y les ganamos, obvio, iba con el primer equipo, y el año pasado empatamos y perdimos en los penaltis pero ascendimos con el filial, el año anterior con el Getafe, también les llevé allí y lo logramos. El año que no he ido con mi equipo allí, no lo he conseguido. A partir de ahí, mis jugadores empezaron a creer lo que les decía, porque vieron que esto era una familia», decía.
También quiso echar la vista atrás afirmando que «ha sido un año largo, complicado, con cambio de dueños, pero detrás teníamos el motor, que era la afición, y que ha hecho funcionar a este equipo. Sin ellos no somos nadie, imaginaros jugar en un campo vacío», para empezar a presentar a su cuerpo técnico, a los que quiso dedicar este ascenso. Uno a uno fueron apareciendo en la sala de prensa Ismael, segundo entrenador, Victor, preparador físico, Isi, utillero, Miguel, delegado, Beceiro, doctor… y, de repente, «Vamos rayito, vamos campeón, somos los hinchas de Primera División…», los jugadores irrumpieron en la sala de prensa. Coke bañó al técnico en cerveza y lo que ocurrió después queda resumido en imágenes como estas:



Aganzo puso punto final a la rueda de prensa del ascenso con la pregunta más original que se ha escuchado durante esta larga temporada después de muchos partidos. «Tengo una pregunta: ‘¿Estás contento’?»… todos lo estaban.
