La vida consiste en dar pasos, en equivocarse y aprender para no volver a hacerlo, en avanzar sin darte cuenta, en sobrevivir a lo malo y disfrutar de lo bueno. En la vida, yo siempre digo, que no se suele valorar lo que se tiene hasta que se pierde y, al final, todo se pierde, se transforma, se convierte en otra cosa o simplemente desaparece.
La vida de Trejo. Él nos ha contado que no ha sido fácil. Un chico argentino que soñaba con jugar al fútbol, que salió muy joven para Europa, como tantos argentinos, que pensó que había triunfado sólo con llegar pese a tener claro que todo pasaba por trabajar, al que engañaron y que tuvo que aprender a crecer y buscarse su camino. Ese chico triunfó en Gijón y también lo hizo en Francia, pero en su corazón siempre tuvo la espina de su paso por Vallecas y el deseo de volver a la que, durante apenas un año, un año muy difícil, había sido su casa.
Trejo y sus valores, Trejo y su personalidad, el Trejo futbolista, pero sobre todo el Trejo persona se amoldó perfectamente a la forma de ser y de expresarse de los vallecanos. Para Trejo Vallecas era como un pedacito de su Argentina natal, un lugar en el que el esfuerzo no se negocia, porque el esfuerzo es la única manera de sobrevivir. Y así lo interiorizó y así se lo supo explicar uno por uno a todos los jugadores y demás integrantes de este Rayo Vallecano.
Trejo es un vallecano más. Nació muy lejos, vivió otras experiencias, pero siempre tuvo claro dónde quería estar. No vino aquí a ganar títulos, ni a ser un ídolo. Vino a saldar una deuda consigo mismo y a disfrutar. La deuda está saldada y el disfrute también. Entendió desde el principio dónde estaba y a quién representaba, siempre cercano, siempre accesible. Con nosotros fue así, sabía que no estaba ante un medio grande, aunque nos trató como si lo fuéramos y nunca, en todos estos años, nunca nos dio la espalda.
Ayer fue un día duro para muchos entre los que me incluyo. La despedida de Trejo supone pasar página, pero no una página cualquiera, una página dorada que puede serlo más el próximo 27 cuando en Leipzig juegue una final que “ni en la Playstation”, como él mismo me dijo.
Uno no es consciente de lo que tiene, aunque lo valore en el día a día, hasta que de repente algo que parecía eterno, que no acabaría nunca, poco a poco se va deteriorando, se va transformando y en un día como ayer te convences de que ya no volverá. No volveremos a ver su visión de juego, su dominio de la situación, sus penaltis o su manejo del ritmo, pero siempre podremos recordar todo lo que nos dejó y podremos decir: “Yo vi a Óscar Trejo jugar en el Rayo”. Gracias Chocota.
